Vivió sola hasta los 100 y a los 101 no perdona el vinito del mediodía: el secreto de una donostiarra
Mercedes Olano nació en Donostia en 1924, cumple 102 años en octubre y tiene la agenda más ordenada de la residencia: telenovelas por la tarde, sudokus para la cabeza, bingo los lunes y, al mediodía, aperitivo en el parque de enfrente con alguno de sus hijos.

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Vivió sola en su casa hasta los 100, con una asistenta unas horas a la semana y el resto por su cuenta. Después rotó por las casas de sus hijos y, al final, tomó ella la decisión que casi nadie toma por sí misma.
"No quiero ser una carga"
Fue suya la iniciativa de irse a la residencia Ballesol Easo. Lo explica sin dramatismo: no quiere ser una carga para nadie y menos para sus hijos, así que lo planteó, se mudó y dice que se adaptó desde el primer día. Sus hijos la visitan a diario.
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Es madre de tres, abuela de seis y bisabuela de doce. Estudió para perito mercantil y dedicó buena parte de su vida al cuidado y a la economía familiar. Siempre arreglada, "siempre me ha gustado ir bien", dice.
Ojo al detalle que se pasa por alto en estas historias: lo que la ha mantenido fuerte no fue una dieta ni un suplemento. Fue caminar unos siete kilómetros diarios durante décadas, casi siempre sola, y dormir bien.
La lista de hábitos, y lo que dice la evidencia
Su fórmula, contada por ella, no esconde secretos: nunca fumó, caminó mucho, durmió bien, se preocupó poco y mantuvo el cariño de la familia en el centro. Y una copa de vino en la comida, toda la vida.
- Caminar a diario: el hábito con más respaldo científico de la lista, con diferencia.
- No fumar: el factor que más años de vida suma, también con diferencia.
- Dormir bien y socializar: el aislamiento está asociado a peor salud en la vejez; ella habla con todo el mundo.
- El vinito: aquí conviene ser honestos. La evidencia actual no sostiene que el alcohol alargue la vida, ni siquiera en dosis bajas. Que ella haya llegado a los 101 con su copita no convierte la copita en la causa.
"Todos los días viene alguno de mis hijos y salimos al parque que hay enfrente. Allí tomo mi aperitivo y mi vinito. Eso que no me falte", cuenta entre risas.
La parte que nadie cuenta
También habla de lo otro. Sus amigas del colegio han muerto todas, y echa especialmente de menos a una con la que era íntima. Lo dice sin adornos: a su edad una ve cómo se van yendo los que conoció de joven, y llega un momento en que mira alrededor y ya no queda nadie.

A la muerte no le tiene miedo. "He vivido mucho y he vivido bien, así que cuando llegue el momento, llegará". Mientras tanto, los lunes hay bingo, y dice que se le da bien: ya ha ganado varias veces y le parece poco una vez por semana.
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