Editorial

Barcelona · Actualidad local

Un cocinero gallego avisa: el salmón jugoso no se hace al horno — su truco lleva soja, jengibre y dos ajos, y es japonés

El salmón es el pescado más agradecido del supermercado y el más fácil de arruinar en casa. La frontera entre jugoso y seco es cuestión de un par de minutos, y el horno — el método que casi todos usamos por defecto — es donde más fácil se cruza.

Salmón lacado y brillante: la sartén le gana la partida al horno.
Legion-Media

Contenido del artículo

Pablo Suárez, cocinero gallego que comparte sus recetas como @poesiadefogon, propone otra ruta: sartén y una teriyaki casera. Ni fritura ni horno: un marcado breve y una salsa japonesa que lo laca al final. Total: 25 minutos, cena para dos.

Por qué la sartén gana al horno

El salmón se seca cuando pasa demasiado tiempo a temperatura de cocción, y el horno doméstico es lento e impreciso: cuando el centro está hecho, los bordes llevan diez minutos de más. La sartén muy caliente invierte la ecuación: dos o tres minutos por cara forman costra fuera y dejan el interior apenas hecho, que es exactamente donde el salmón está en su mejor momento.

El resto del sabor no va en el pescado, va encima. La teriyaki — teri significa brillo y yaki, asado — es la técnica japonesa de lacar el pescado con una salsa densa y brillante, y la versión casera de Suárez se hace con fondo de despensa.

Ajo y jengibre frescos, rallados: la base de la teriyaki casera.

La receta, por partes

La salsa: 50 ml de salsa de soja, 70 ml de agua fría, 2 cucharadas de miel, 1-2 cucharadas de vinagre de arroz (o de manzana), 1 cucharada rasa de maicena, 2 dientes de ajo rallados sin germen y un trozo de jengibre fresco de 2 centímetros, también rallado.

Te puede interesar: El invierno llega tarde este año: en pleno noviembre vuelven unos días de calor — y ya hay fecha

El orden de los pasos:

  1. Mezcla la soja, el agua fría, el vinagre y la maicena; añade la miel y remueve. Ajos y jengibre rallados, aparte.
  2. La guarnición primero: brócoli en ramilletes y portobello laminado, salteados con un ajo dorado 8-10 minutos a fuego medio-alto. Se reservan.
  3. El salmón: salpimentado y 5 minutos de reposo fuera de la nevera. Después, a la sartén con el aceite muy caliente, 2-3 minutos por cada lado. Se reserva.
  4. La salsa, en la misma sartén: se doran el ajo y el jengibre a fuego medio, se vierte la mezcla y en 2-3 minutos removiendo espesa hasta textura de jarabe.
  5. El lacado: el salmón vuelve a la sartén un minuto, se baña bien con la salsa y a la mesa.

Ojo al detalle de la maicena en agua fría, que no es manía: disuelta en líquido caliente hace grumos al instante. Y al porqué de añadir la salsa al final: la miel y el azúcar de la soja se queman en una sartén a tope. Por eso el salmón se marca primero solo y la teriyaki entra después, con el fuego ya bajado.

La señal de que está en su punto

El centro del lomo debe quedar apenas rosado y separarse en lascas con presionar un tenedor. Si el tenedor no encuentra resistencia ninguna y el color es uniforme, ya se ha pasado; la salsa disimulará, pero el siguiente salmón merece un minuto menos.

Traducción: el truco japonés no es un ingrediente, es el reparto de papeles. La sartén pone la textura en tres minutos; la salsa pone el sabor en otros tres. El horno pedía veinte y no garantizaba ninguna de las dos cosas.

La misma teriyaki, por cierto, no es monógama: funciona igual con pollo, con tofu o sobre un bol de arroz con lo que haya. Hecha una vez, se queda en el repertorio.

Anteriormente escribimos: Se acabó el «veranillo»: los 30 grados aguantan hasta el viernes, el sábado entra el levante