¿Te riñen por la copa de vino? Una catedrática que acaba de cumplir 100 años lo defiende
Cumplir 100 años da derecho a muchas cosas, y una de ellas es contestar sin complejos a la pregunta de rigor sobre el secreto de la longevidad. María Luisa López Grigera acaba de estrenar el siglo y su respuesta incluye una copa de vino.

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No es una abuela cualquiera de entrevista viral. Nacida en A Coruña y formada entre España y Argentina, es catedrática emérita de Filología Hispánica de la Universidad de Michigan, referente mundial en el Siglo de Oro y la primera mujer que pronunció la lección inaugural de una universidad española. Celebró el centenario en su casa de Sevilla, donde la entrevistó ABC.
Lo que dice ella
Su dieta de siempre: comida natural, poco procesado, de todo pero en cantidades medidas. Y el detalle que ha dado la vuelta a los titulares, contado con la retranca gallega por bandera:
"Como buena gallega no falta mi copita de Albariño, que siempre ayuda", contaba entre risas a ABC, aunque matiza que ahora bebe sobre todo agua y reserva el vino para las ocasiones.
El matiz importa tanto como la frase. La catedrática no receta vino a nadie: cuando le preguntan por el mérito de llegar a los cien, lo despacha señalando a sus genes y a la educación que recibió de sus padres. Su otra receta confesada es menos fotogénica y más sólida: conversación diaria con los suyos, lectura constante y un consejo que le dio un médico hace cuarenta años — mantener el cerebro organizado.

Lo que dice la ciencia (y no es lo mismo)
Aquí toca aguar la copa, nunca mejor dicho. La idea del vino diario cardioprotector, que reinó durante décadas, está hoy en plena retirada: los grandes análisis recientes apuntan a que no existe un nivel de consumo de alcohol que pueda llamarse seguro, y que los supuestos beneficios de la copa moderada eran en buena parte espejismos estadísticos de los estudios antiguos.
Ojo al sesgo con nombre propio: el del superviviente. Por cada centenaria que brinda con Albariño hay miles de personas a las que el alcohol acortó la vida, y esas no salen en las entrevistas de cumpleaños. Que la abuela de alguien fumara hasta los 95 tampoco convirtió el tabaco en vitamina.
Lo honesto es decir las dos cosas: la copa de María Luisa no es un plan de longevidad, y tampoco hace falta amargarle el brindis a quien disfruta de una con cabeza. La propia protagonista, de hecho, ya hizo su transición al agua.
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El secreto que sí se puede copiar
De toda la entrevista, lo imitable no está en la copa sino alrededor de ella: las relaciones sociales que la catedrática señala como clave para llegar a esta edad, la cabeza en marcha a diario y la mesa de comida fresca. Eso sí tiene detrás evidencia robusta — el aislamiento social está entre los grandes factores de riesgo de la vejez — y no exige ni genética privilegiada ni bodega.
Y cuando le plantean la posibilidad de otros cien años, responde con la misma sorna con la que defiende su Albariño: no aspira a repetir la experiencia. Hay cosas que, como el buen vino, no necesitan segunda botella.
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