Si tu almohada tiene más de dos años, ya no es para dormir, pero no la tires: en casa le esperan seis usos
Haz la prueba ahora mismo. Coge tu almohada, dóblala por la mitad y suéltala. Si vuelve a su forma de golpe, sigue en buena forma. Si se queda doblada como una tortilla, ya le ha dado a tu cuello todo lo que tenía.

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Es la prueba que propone la Sleep Foundation, la fundación estadounidense dedicada al sueño, que recuerda que la mayoría de expertos aconseja cambiar la almohada cada uno o dos años. La buena noticia es que la vieja todavía tiene trabajo en casa.
Cuánto aguanta cada una
Depende sobre todo del relleno. Estas son las referencias de la Sleep Foundation:
- Fibra o poliéster: entre seis meses y dos años. Es la que antes se aplasta.
- Viscoelástica: de dos a tres años.
- Látex: de dos a cuatro años, la más resistente.
- Plumas y plumón: de uno a tres años, siempre que se laven cada tres a seis meses.
Además de perder forma, la almohada va acumulando sudor, grasa de la piel y polvo. La funda ayuda, pero no lo frena del todo.
Ojo al dato que circula por internet: eso de que el 10 % del peso de una almohada de dos años son ácaros y sus restos no tiene base científica. Eroski Consumer recuerda que no hay evidencia que lo demuestre. Los ácaros existen y molestan a los alérgicos, pero la cifra es leyenda.
Primero, a la lavadora
Antes de darle otra vida, la almohada tiene que pasar por un buen lavado. Las de fibra aguantan la lavadora en programa delicado, y lo importante viene después: secarlas del todo, al sol o en secadora a baja temperatura con un par de pelotas de tenis para que el relleno no se apelmace. Una almohada guardada húmeda es una invitación al moho.
Las de plumas conviene llevarlas a una tintorería. Las viscoelásticas no se meten en la lavadora, pero se pueden trocear y usar como relleno.
Los seis usos
Con la almohada limpia y seca, estas son las ideas que mejor funcionan:
- Cojines para el sofá. Una funda nueva y el relleno vuelve a la vida. Si está muy aplastado, juntar dos almohadas en un mismo cojín da un resultado muy mullido.
- Burlete contra el frío. Un tubo de tela relleno con la fibra de la almohada, colocado a lo largo de la puerta o de la ventana, frena las corrientes. Ahora que llega octubre, es el uso más rentable.
- Cama para el perro o el gato. Con una funda resistente y cremallera para poder lavarla a menudo.
- Cojín para arrodillarse. Para las macetas del balcón, para limpiar debajo de la cama o para bañar a los niños sin destrozarte las rodillas.
- Hormas para botas altas. Enrolladas dentro de la caña, evitan que las botas se doblen mientras pasan el verano en el armario.
- Relleno para embalar. En una mudanza o en el fondo de una maleta, protege las cosas frágiles mejor que cualquier papel de periódico.
Y la funda vieja tampoco va a la basura: cortada en trozos, sirve como trapo para el polvo.
Cuando ya no da para más
Si la almohada está rota o deshecha, desde 2025 los ayuntamientos están obligados por la Ley de Residuos a tener recogida separada de textiles, como recuerda la OCU. Antes de bajarla al contenedor, mira qué admite el de tu municipio. Si no la acepta, el punto limpio sí.
Las protectoras de animales a veces agradecen almohadas limpias para las camas de los perros. Eso sí, llama antes de presentarte con una bolsa, porque no todas pueden aceptarlas.