Si el vecino de arriba no te deja vivir, hay un camino legal que puede dejarlo tres años sin su piso
Existe un artículo de una ley de 1960 que los vecinos infernales de España deberían leer antes de encender el karaoke a las tres de la mañana. Puede acabar con ellos fuera de su propio piso.

Contenido del artículo
La joya escondida de una ley de 66 años
La Ley 49/1960 de Propiedad Horizontal esconde en su artículo 7.2 una bomba de relojería para la convivencia tóxica: prohíbe las actividades vetadas por los estatutos, las dañosas para la finca y las consideradas molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas. No hay lista cerrada de comportamientos — cada caso se valora por sus circunstancias, lo que en la práctica da a la norma una elasticidad temible.
Que sea tu casa no significa barra libre: el artículo alcanza tanto al propietario como al ocupante. El inquilino ruidoso tampoco se libra.
El manual de guerra, paso a paso
- El aviso. Cualquier propietario u ocupante pone la situación en conocimiento del presidente de la comunidad.
- El requerimiento. El presidente exige el cese inmediato de la actividad y advierte, sin rodeos, de que habrá acciones judiciales si continúa.
- La junta. Si el vecino sigue a lo suyo, la junta de propietarios autoriza el siguiente paso.
- La demanda. El presidente presenta la acción de cesación ante los tribunales, dirigida contra el propietario y, si procede, también contra el ocupante.

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Lo que puede dictar el juez
- Medidas cautelares para frenar la actividad ya, mientras se resuelve el pleito
- Cesación definitiva de la conducta
- Indemnización por los daños y perjuicios causados
- Y el gran final: según la gravedad, la privación del derecho de uso de la vivienda o local hasta tres años
Tres años sin poder usar tu propio piso: ese es el precio máximo que fija la ley para quien convierte la escalera en un infierno. La hipoteca, eso sí, se sigue pagando.
Así que la próxima vez que el techo retumbe a las 3:47, respira: no hace falta mudarse. Hace falta un burofax.
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