Marruecos se gastó 3.000 millones en una central solar en 2016: diez años después alimenta a un millón de personas
A 200 kilómetros al sur de Marrakech hay una torre de 250 metros rodeada por miles de espejos que la apuntan como si fuera un dios. Es la postal más reconocible de Noor Ouarzazate, y cumple diez años.

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El complejo costó más de 3.000 millones de dólares de financiación internacional, lo construyó la saudí ACWA Power y empezó a funcionar en 2016. Hoy suma 580 megavatios y cubre las necesidades eléctricas de más de un millón de personas, según datos del Banco Mundial.

Por qué no es un campo de placas más
La diferencia está en que buena parte de Noor no genera con paneles, sino con calor. Son cuatro instalaciones distintas:
- Noor I (2016): 160 MW con colectores cilindroparabólicos.
- Noor II: 200 MW, misma tecnología.
- Noor III: 150 MW con tecnología de torre, la de los espejos.
- Noor IV: 70 MW, esta sí fotovoltaica convencional.
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En Noor III, miles de heliostatos siguen al sol y concentran la radiación en un receptor situado en lo alto de la torre. Ese calor se almacena en sales fundidas y después se usa para generar vapor, mover una turbina y producir electricidad.
Traducción: el sol se guarda en forma de calor, no de electricidad. Noor III tiene unas siete horas de almacenamiento térmico, así que sigue produciendo cuando ya es de noche — que es justo el punto flaco de la solar de toda la vida.
La razón de fondo
Marruecos tiene sol y viento de sobra y ni una gota de petróleo propio. Cuando arrancó el proyecto, dependía del exterior para cerca del 95 % de sus necesidades de energía primaria, lo que significa estar a merced del precio internacional de los combustibles.
Hoy las renovables suponen alrededor del 44 % de la capacidad eléctrica instalada del país, según su Ministerio de Transición Energética, que mantiene el objetivo de superar el 52 % en 2030.
Ojo al matiz de la cifra: 580 megavatios de capacidad instalada no son 580 megavatios funcionando todo el día. Lo que hace comparable a Noor con una central convencional no es la potencia, es precisamente el almacenamiento.
Lo que le interesa a España
La tecnología no es marroquí de origen: España fue pionera y sigue teniendo el mayor parque termosolar del mundo. La primera central de torre con sales fundidas capaz de producir de noche fue Gemasolar, en Fuentes de Andalucía (Sevilla), que arrancó en 2011 con 15 horas de almacenamiento y sirvió de banco de pruebas para todo lo que vino después.
El movimiento marroquí tiene además una derivada que aquí se sigue de cerca: el país trabaja para exportar energía verde a Europa, y el camino corto pasa por el Estrecho. Dicho de otro modo, la vecina del sur ha dejado de ser solo un cliente energético para convertirse en competidora.
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