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Hay un cometa pasando junto al Sol estos días: desde España se ve, pero solo si tienes telescopio y madrugas

Mientras dormías, un pedazo de hielo y roca con miles de años de dramas familiares a sus espaldas se ha arrimado al Sol. Verlo es posible. Fácil, no.

El cometa 169P/NEAT, en plena visita al Sol.
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La visita: quién es 169P/NEAT

El protagonista es un cometa periódico de la familia de Júpiter que completa una vuelta al Sol cada 4,2 años y que en 2026 vuelve a pasar lista. Su máximo acercamiento a la Tierra fue el 11 de agosto, a 0,17 unidades astronómicas, y su perihelio —el punto más cercano al Sol— llegó el 21 de septiembre, a 0,60 UA, según los cálculos de Starwalk Space. Cero escenarios de impacto, cero motivos para el drama.

0,17 UA de la Tierra suena íntimo, pero son unas 66 veces la distancia a la Luna. Cerca en términos cósmicos; lejísimos para cualquier alarmismo.

El kit del cazador de cometas

Aquí las malas noticias para los del «salgo al balcón y ya»:

  • Telescopio obligatorio. Su brillo estimado ronda la magnitud 10-12: invisible a simple vista y fuera del alcance de la mayoría de prismáticos
  • Despertador cruel. En agosto se dejaba ver al atardecer; en septiembre se ha mudado al cielo matutino, así que toca madrugar
  • Ventaja española. Desde el hemisferio norte el cometa aparece más alto sobre el horizonte que desde el sur
  • Cielo oscuro. Cuanto más lejos de las farolas, mejor
Magnitud 11: madrugón y telescopio obligatorios para pillar al cometa.

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Un cometa con drama familiar

Su biografía es puro culebrón. Descubierto el 15 de marzo de 2002 por el programa NEAT con el telescopio Samuel Oschin del Observatorio Palomar, en California, primero lo tomaron por un asteroide y lo ficharon como 2002 EX12. Luego enseñó actividad cometaria y recuperó su apellido de cometa. Pero lo mejor viene de atrás: los estudios dinámicos apuntan a que nació de la fragmentación de un cuerpo mayor hace más de 2.000 años.

Una ruptura anterior de ese mismo progenitor, hace entre 4.500 y 5.000 años, habría dado origen a las Alfa-Capricórnidas, la lluvia de meteoros que ilumina cada final de julio. Sí: el cometa que persigues con telescopio y las estrellas fugaces de verano son familia.

Así que ya sabes el plan: café, telescopio, horizonte despejado y un poco de paciencia. El próximo pase no será hasta dentro de 4,2 años.

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