En 2012 Boeing llenó un avión con 9 toneladas de patatas en vez de pasajeros: la razón es tan seria que la agradeces en cada vuelo
En 2012, en un hangar de Estados Unidos, un avión de Boeing esperaba lleno hasta la bandera. En cada asiento, su pasajero: un saco de patatas. Nueve toneladas de tubérculos con la tarjeta de embarque en regla.

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No era una broma interna ni un anuncio. Era uno de los experimentos más serios de la aviación comercial de aquella década, y cada vez que el wifi del avión te carga un correo a 10.000 metros, le debes algo a aquellos sacos.
El problema: tú absorbes wifi
Boeing quería ofrecer internet a bordo que funcionara igual en la fila 3 que en la 38. Y ahí aparecía un obstáculo físico con el que no contaba el papel: los pasajeros. El cuerpo humano, que es mayormente agua, absorbe y refleja las ondas de radio. Una cabina vacía y una cabina llena son, para una señal wifi, dos países distintos.

Eso obligaba a medir la cobertura con el avión lleno. Y llenar un avión para hacer pruebas significa reclutar a decenas de voluntarios y tenerlos sentados horas y horas, días enteros, mientras los ingenieros miden, ajustan y vuelven a medir. Caro, lento y cruel.
"Hasta los carritos del servicio en movimiento cambian cómo se distribuye la señal", explicaba el ingeniero de Boeing Dennis Lewis, en declaraciones recogidas por la revista Wired.
La solución: el pasajero de 80 % de agua
Los ingenieros buscaron un material que se comportara ante las ondas igual que una persona sentada. La respuesta estaba en el supermercado: la patata es agua en torno a un 80 %, y sus propiedades dieléctricas — su manera de absorber y reflejar las señales de radio — se parecen lo suficiente a las del cuerpo humano.
Así que Boeing compró 20.000 libras de patatas, unas 9 toneladas, las repartió en sacos por los asientos de un avión retirado y dejó a los ingenieros medir durante horas sin que ningún pasajero pidiera ir al baño.
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El proyecto recibió un nombre que delata que alguien se divirtió bautizándolo: SPUDS, siglas de Synthetic Personnel Using Dielectric Substitution — y, a la vez, "spuds", que en inglés coloquial significa exactamente patatas.
Traducción: no fue una ocurrencia, fue ingeniería de la buena. El requisito era un cuerpo humano falso, barato, disponible por toneladas y que no cobrara dietas. La patata cumplía las cuatro condiciones.
El resultado que viaja contigo
Los datos de las patatas se validaron después con personas reales, y las mediciones coincidieron. Con el método nuevo, Boeing anunció en diciembre de 2012 que sus pruebas de señal pasaban de más de dos semanas a unas diez horas.
Lo que salió de ahí fue un mapa fino de las zonas de sombra de la cabina, que permitió ajustar los sistemas de conectividad para repartir la señal de forma más uniforme — con un matiz nada menor: sin interferir con la electrónica esencial del propio avión, que es la parte del wifi a bordo que de verdad no admite bromas.
Las patatas, cuenta la historia, acabaron donadas a un banco de alimentos. Difícil encontrarles una jubilación mejor: primero arreglaron el wifi de los aviones y luego alimentaron a alguien. Pocas carreras profesionales rinden tanto en nueve toneladas.
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