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El frío se cuela por las ventanas y lo paga tu calefacción: el invento de Action lo corta sin obra — y por muy poco

Enciendes la calefacción, la casa se calienta y, aun así, cerca de la ventana siempre corre un hilillo de aire frío. Ese hilillo tiene nombre — infiltración — y factura propia: el radiador pelea cada hora contra el frío que entra por rendijas de milímetros.

El radiador pelea cada hora contra el aire frío que entra por la ventana.
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El remedio que está moviendo gente a las tiendas Action no llega a los dos euros: unas tiras de silicona transparente de 1,49 euros que sellan esas rendijas sin obra, sin taladro y sin llamar a nadie.

Qué es exactamente

El rollo trae 5 metros de tira de silicona de 35 milímetros de ancho, con adhesivo 3M en el dorso. Se corta a la medida de cada rendija y se pega directamente sobre el marco. Al ser transparente, no se ve un pegote blanco atravesando la ventana del salón, que es el pecado estético del burlete de espuma de toda la vida.

La holgura entre hoja y marco: por ahí se escapa el calor.

La instalación es de manual corto:

  1. Localiza la rendija por donde entra el aire y mídela.
  2. Corta la tira a esa medida con unas tijeras.
  3. Limpia y seca la superficie. Sobre polvo o grasa, el adhesivo dura dos días.
  4. Retira el protector y presiona de forma uniforme, de un extremo al otro.
  5. Abre y cierra la ventana o la puerta para comprobar que nada roza ni se despega.

Ojo al paso cero, que es el que casi todo el mundo se salta: encontrar la fuga de verdad. El detector más barato es la mano húmeda o la llama de una vela recorriendo despacio el contorno del marco en un día de viento: donde la llama baile o la mano note fresco, ahí va la tira. Sellar a ciegas los cuatro lados gasta rollo donde no hace falta y deja la rendija culpable sin tapar.

Dónde rinde y dónde no

La tira funciona en el escenario para el que está pensada: holguras pequeñas entre hoja y marco, las típicas de ventanas y puertas con años. Su eficacia, avisa el propio fabricante, depende del tamaño de la rendija y del estado del marco.

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Para el otro gran agujero térmico — el cristal único de las ventanas antiguas, que es un radiador de frío en sí mismo — la misma cadena vende el complemento: una lámina transparente de 1,68 euros, de 170 por 150 centímetros, que crea una capa de aire aislante sobre el vidrio. Tampoco sustituye a un doble acristalamiento, pero juega en la misma dirección por el precio de un café.

Traducción de la cuenta: sellar una casa entera con esto cuesta menos de 5 euros. La alternativa seria — cambiar las ventanas — empieza en varios cientos por hueco. Entre una cifra y otra caben muchos inviernos de prueba.

La letra pequeña del sellado

Dos avisos antes de pegar con entusiasmo. El primero: una vivienda necesita renovar aire. Sellar todas las rendijas de todas las estancias y no ventilar nunca es la receta de la condensación y el moho en las esquinas; diez minutos de ventana abierta al día siguen siendo obligatorios, con tira o sin ella. El segundo es serio: si en casa hay estufa de gas, butano o cualquier aparato de combustión, la estancia donde funciona no se sella herméticamente jamás — esa ventilación no es confort, es seguridad.

Para todo lo demás, la lógica del invento es difícil de discutir: el aire frío entra por rendijas de céntimos y sale carísimo por el contador. Taparlas cuesta 1,49 euros y una tarde de domingo sin prisa.

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