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El árbol que iba a alimentar a un pueblo se comió 475.000 hectáreas: ya lo combaten a dron

En 1825 alguien tuvo una idea estupenda para alimentar a una isla. Doscientos años después, esa idea se combate desde el aire.

El guayabo de fresa, enemigo público de Hawái.
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Cuando la buena intención sale rana (o árbol)

La historia empieza como tantas catástrofes ecológicas: con la mejor de las intenciones. En 1825, el guayabo de fresa llegó a Hawái desde Brasil como planta prometedora para alimentar a la población. Dos siglos después, es una de las especies invasoras más agresivas del archipiélago: desplaza la vegetación nativa, altera la estructura del bosque tropical y ocupa la friolera de 475.000 hectáreas. El plan de merienda se convirtió en okupación a escala industrial.

Dos tercios de los plantones que crecen hoy en los bosques hawaianos ya no son especies nativas. Y el guayabo de fresa es el más abundante de todos.

El arma secreta: un bicho brasileño en paracaídas

La contraofensiva parece guion de ciencia ficción de bajo presupuesto, pero está publicada en el Journal of Economic Entomology: drones que sobrevuelan el bosque y dejan caer bolitas con Tectococcus ovatus, un insecto brasileño que solo se alimenta de esta planta y que Hawái aprobó como control biológico en 2012. El bicho forma agallas en las hojas y, una vez instalado, se propaga solo por la copa.

Drones cargados de insectos contra el invasor.

Los números del método aéreo frente al terrestre son para aplaudir:

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  • 77% menos de tiempo por árbol: 2,8 minutos con dron frente a 12 a pie con pértiga.
  • Más colonización: al año, el 63% de los árboles tratados con dron tenían el insecto instalado, frente al 38% del método manual.
  • Puntería de francotirador: el dron grande falla el blanco por 2,83 metros como máximo; el helicóptero, por 8,24.

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Primera vez en el estado

El equipo de la Universidad de Hawái en Hilo que firma el estudio presume de hito: es la primera vez que se libera un control biológico con drones en el estado, según cuenta Ryan Perroy, el profesor que lidera el proyecto. Y en las zonas remotas sin caminos — que son muchísimas — el aire es directamente la única opción viable.

Moraleja de 200 años: plantar especies exóticas "por si acaso" sale carísimo. Desinvitarlas requiere drones, insectos y décadas.