Cubro los tomates con este aliño y en dos horas hay tapa con su punto picante: para una cena o la mesa de fiesta
Hay tapas que exigen técnica y tapas que solo exigen nevera. Esta es de las segundas: tomates en gajos cubiertos de un aliño con ajo, pimentón y un punto de guindilla, que a las dos horas salen convertidos en otra cosa.

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No lleva fuego, no lleva vinagre hirviendo ni frascos esterilizados. Es un marinado en frío de los que se montan en diez minutos y se olvidan hasta la hora de cenar, igual de digno para un martes que para la mesa de un sábado con invitados.
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Lo que necesitas
- 500 g de tomates firmes. Tipo pera, raf o de ensalada prietos. Este es el punto que decide el plato: un tomate muy acuoso suelta tanto jugo que ahoga el aliño.
- 100 g de cebolla morada, en plumas finas.
- 2 dientes de ajo picados.
- Guindilla fresca al gusto, sin semillas y en rodajas finas.
- Hierbas frescas: medio manojo de perejil y, si se encuentra, otro medio de eneldo. Sin eneldo, el perejil solo o con unas hojas de albahaca cumplen de sobra.
- El aliño: 2 cucharadas de aceite, 1 cucharada de vinagre de manzana, 1-2 cucharaditas de azúcar, 1 cucharadita rasa de sal, 1 de pimentón dulce y media de cilantro molido.
El método, que casi no lo es
- Corta los tomates en gajos gruesos y la cebolla en medias lunas finas. Pica las hierbas y la guindilla, y júntalo todo en un bol hondo.
- Mezcla aparte el aceite, el vinagre, el azúcar, la sal, el pimentón, el cilantro y el ajo picado.
- Vierte el aliño sobre las verduras y remueve con cuidado, sin machacar los gajos.
- Tapa y a la nevera: 2 horas, removiendo con delicadeza una o dos veces por el camino.
Se sirve bien fría, y aguanta en la nevera uno o dos días como máximo: es un plato de comer pronto, no una conserva.
Traducción: esto es un encurtido exprés. La sal y el azúcar forman con el jugo del tomate una salmuera ligera que sazona y da chispa sin ablandar la verdura, y el frío hace de cocinero. Por eso el reloj importa: a las dos horas está en su punto; al segundo día ya es otro plato, más blando y más encurtido.
Dónde encaja
Como tapa con pan va sola, pero la misma fuente acompaña de lujo unas carnes a la plancha o a la brasa, un pescado blanco sencillo o una patata cocida. Sobre una tostada con queso fresco, resuelve una cena que parece pensada.

Un consejo de aprovechamiento para el final: el jugo que queda en el fondo del bol es oro líquido — aceite, vinagre, tomate y especias ya amigados. No se tira: se moja con pan sin complejos, o se usa de vinagreta para una ensalada al día siguiente. En esta tapa no sobra nada, ni siquiera el charco.
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