¿Cuánto se puede circular con la luz de fallo motor? A mí me duró hasta que se rompió la correa
Es la luz más ambigua del salpicadero: se enciende, el coche sigue andando como si nada, y el cerebro humano hace el resto — «será un sensor». A veces es un sensor. Y a veces es lo que le pasó a un periodista de Motorpasión, que acabó parado en una rampa de salida sin servofreno y sin dirección asistida.

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Daniel Murias lo contó en primera persona: la luz se le encendió rodando por una autopista alemana. Levantó el pie y buscó la salida; la luz pasó de fija a parpadeante, el coche entró en modo de emergencia casi sin potencia y, al final de la rampa, el motor se apagó solo por seguridad. Con el motor muerto se fueron también el freno asistido y la dirección. Llegó en inercia hasta una parada de autobús.
El diagnóstico posterior: un rodillo guía de la correa de distribución llevaba tiempo con holgura y terminó partido en dos, con la correa detrás.

Qué está diciendo exactamente esa luz
La luz de fallo motor es la voz del sistema de diagnóstico del coche, y su mensaje es deliberadamente vago: la centralita ha detectado una anomalía en el motor o sus sistemas. Cuál, no lo dice. El abanico va de lo trivial a lo caro: un cable flojo, una sonda desgastada, la válvula EGR, el catalizador o — como en este caso — un componente de la distribución a punto de rendirse.
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Esa ambigüedad es justo lo que la hace peligrosa: la luz es la misma para el susto de 30 euros y para la avería de 3.000.
La regla de los dos estados
La luz tiene dos formas de encenderse y son dos mensajes distintos:
- Fija: se puede seguir circulando con suavidad, sin exigirle al motor, y el destino inmediato es el taller. No "la semana que viene": el taller.
- Parpadeante: avería seria en curso. Lo correcto es parar en sitio seguro, apagar el motor y llamar a la grúa.
Ojo al coste de equivocarse de casilla: una grúa cuesta lo que cuesta; un motor que se queda sin distribución en marcha, lo que valga el coche. La historia del rodillo partido es exactamente la factura de haber seguido rodando con el aviso puesto.
Las otras dos razones para no convivir con ella
La primera es administrativa: presentarse a la ITV con la luz de fallo motor encendida es suspenso directo. Es uno de los puntos que se revisan con menos manga ancha, así que el "ya la miraré" tiene fecha de caducidad obligatoria.
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La segunda es de bolsillo, y juega a favor del conductor: saber qué dice la luz cuesta poco. Cualquier taller lee el código de avería en minutos, y para los curiosos existen lectores OBD domésticos por el precio de una cena que muestran el código en el móvil.
Traducción: la luz no pide pánico, pide una cita. Entre ignorarla durante meses y parar en el arcén hay un punto medio exacto: circular con calma hasta el taller más cercano y salir de dudas. Lo único que no perdona esta luz es la indiferencia.