Las gradas del hipódromo, cubiertas por la ligera y elegante marquesina de hormigón diseñada por Eduardo Torroja, siguen siendo un ejemplo destacado de la arquitectura deportiva. Su estilo refleja los ideales modernos de los años treinta: competitividad, vida al aire libre e higiene, defendidos por artistas, políticos e intelectuales de la época.
Su construcción comenzó en 1935 para reemplazar al antiguo Hipódromo de la Castellana, pero la Guerra Civil interrumpió las obras. Tras la contienda, el recinto quedó en ruinas y no fue hasta 1941 que se completó su reconstrucción.
A lo largo de su historia, el hipódromo ha vivido momentos de esplendor, como en los años setenta, y etapas de crisis, especialmente en los noventa. Cerrado en 1996, más tarde se modernizaron sus instalaciones y desde 2003 ofrece cada año una temporada de carreras con una amplia oferta de actividades.
Hoy, visitar el hipódromo es una experiencia para todo tipo de público. Además de contemplar la competición de los caballos, los asistentes pueden disfrutar de zonas de ocio infantil, espacios gastronómicos, terrazas nocturnas con DJ en directo y actividades según la temporada. También alberga el Museo de Eduardo Torroja, abierto gratuitamente durante los días de carrera.
El acceso es sencillo gracias al transporte gratuito disponible desde el Paseo Moret, en el intercambiador de Moncloa, o desde la Avenida de la Complutense, frente al metro de Ciudad Universitaria. Los autobuses funcionan desde una hora antes y hasta una hora después de cada carrera.