La Comunidad de Madrid instalará tres pantallas gigantes, una frente a cada grada, en un recinto con capacidad para algo más de 14.700 personas. La entrada costará 5 euros y permitirá reunir en Vallecas a quienes no hayan podido desplazarse a Alemania, pero tampoco quieran ver el partido en casa o en un bar cualquiera.
El club pondrá las localidades a la venta de forma presencial en taquilla. El acceso no estará incluido en el abono de temporada y la apertura de sectores dependerá de la demanda y del control del aforo. La idea es que el estadio funcione como una gran grada compartida, no como una simple retransmisión.
La final empezará a las 21:00 y enfrentará a dos equipos que llegan a una cita continental inédita. Para el Rayo será la primera final europea de su historia; para el Crystal Palace, también la oportunidad de levantar su primer título continental. UEFA sitúa el partido en el Leipzig Stadium, en Alemania.
La clasificación del Rayo llegó tras eliminar al Estrasburgo en semifinales, con un gol de Alemão y una actuación decisiva de Augusto Batalla, que detuvo un penalti en el tramo final del partido de vuelta. Ese pase convirtió una temporada ya especial en algo mucho más grande para un club acostumbrado a vivir lejos de los focos de las grandes finales.
Muchos rayistas sí estarán en Leipzig. UEFA asignó 11.500 entradas al Rayo para la final, una cifra enorme si se compara con la capacidad del propio Estadio de Vallecas. Será el mayor desplazamiento europeo de la historia del club, pero aun así miles de aficionados se quedarán en Madrid.
Para ellos, la noche del miércoles tendrá un punto muy de barrio: entrar al estadio de siempre, mirar las pantallas desde la grada y sentir que Leipzig queda un poco más cerca. Vallecas está acostumbrada a vivir el fútbol con una mezcla de orgullo, protesta y pertenencia. Esta vez, además, lo hará ante una final que hace unos años parecía casi imposible de imaginar.