El complejo se levantará en una de las zonas con más crecimiento del norte de la capital, junto a IFEMA, el Hospital Isabel Zendal y la T4 de Barajas. Su ubicación no es casual: el proyecto busca atraer tanto a vecinos de Valdebebas y Hortaleza como a visitantes que se mueven por el eje del aeropuerto, los recintos feriales y los nuevos desarrollos residenciales.
La inversión prevista ronda los 500 millones de euros y la apertura se sitúa en el horizonte de 2027, aunque el calendario dependerá del avance de las obras y de la mejora de los accesos. En una zona donde el coche sigue teniendo mucho peso, la conexión con transporte público será una de las claves para que el proyecto no se convierta en un nuevo foco de atascos.
El diseño plantea dos grandes edificios conectados por una plaza central al aire libre. Ese espacio funcionará como punto de encuentro, con terrazas, actividades de temporada y eventos. La idea es que el centro no sea solo un lugar para comprar, sino también un sitio donde quedar, comer, ir al cine o pasar la tarde.
La arquitectura, firmada por Chapman Taylor, apuesta por galerías amplias, luz natural, fachadas blancas, líneas curvas, vegetación integrada y azoteas transitables. Es el tipo de modelo que están siguiendo los nuevos centros comerciales: menos pasillo cerrado y más experiencia abierta, cómoda y visual.
Uno de los grandes reclamos será un complejo de cines Kinépolis de última generación. A ello se sumarán grandes cadenas de retail, operadores internacionales, un food hall, terrazas y restaurantes pensados para cubrir distintos momentos del día, desde compras rápidas hasta ocio de fin de semana.
El impacto laboral también será notable. Las previsiones apuntan a entre 5.000 y 6.000 empleos directos, además de hasta 3.500 indirectos vinculados a logística, mantenimiento, seguridad, limpieza y servicios externos. Para una zona en expansión, el proyecto puede convertirse en un nuevo motor de actividad diaria.
Valdebebas lleva años pasando de barrio en construcción a polo urbano con vida propia. La llegada de un centro comercial de este tamaño acelerará ese cambio, pero también pondrá a prueba la movilidad, los servicios y el equilibrio entre ocio masivo y vida residencial. El reto será que el nuevo gigante no solo atraiga gente, sino que encaje de verdad en el día a día del norte de Madrid.