Caballos, ovejas, perros, gatos, aves, cerdos y animales exóticos han llegado a sus instalaciones, una finca de cinco hectáreas preparada para atender especies muy diferentes. Algunos fueron rescatados directamente de urbanizaciones y montes amenazados por las llamas, mientras que otros procedían de refugios y residencias caninas que tuvieron que ser desalojados.
El equipo, coordinado por Fernando Sánchez, presidente del santuario, también ha repartido pienso, agua, jaulas y otros materiales en los pabellones habilitados para los vecinos evacuados. La ayuda ha permitido que muchas familias pudieran permanecer junto a sus animales sin renunciar a la atención básica que necesitaban.
En el polideportivo de Villamanta, los voluntarios han atendido a personas que salieron de sus casas con lo imprescindible. Muchas priorizaron rescatar a sus perros y gatos antes que recuperar objetos personales, mientras otras necesitaron apoyo para localizar o alimentar a los animales que habían quedado en fincas cercanas.
Salvando Peludos ofrece además atención veterinaria gratuita para los ejemplares afectados por el humo, el estrés o las heridas sufridas durante la evacuación. Las donaciones de particulares y empresas han ayudado a cubrir gastos urgentes y a garantizar alimento tanto para los animales domésticos como para algunos ejemplares silvestres.
El santuario nació en 2013 y, desde 2016, funciona como hogar para animales que difícilmente encontrarían salida a través de los canales tradicionales de adopción. Entre sus habitantes hay vacas, burros y otras especies rescatadas después de ser descartadas por edad, enfermedad o falta de utilidad económica.
La organización cuenta con 32 profesionales y el apoyo de cerca de 200 voluntarios. Su trabajo combina la atención veterinaria, el cuidado diario y el acompañamiento a las personas responsables de los animales, especialmente en situaciones de emergencia como la vivida estos días.
La experiencia ha vuelto a poner sobre la mesa la falta de protocolos específicos para evacuar animales durante catástrofes. Mientras esa regulación llega, la respuesta de refugios, voluntarios y vecinos ha permitido que decenas de familias encontraran un lugar seguro sin verse obligadas a separarse de sus mascotas.