El nuevo paso elevado estará completamente naturalizado y reservado a animales como jabalíes, corzos o gamos. Con 137 metros de largo y 56 de ancho, se levantará sobre la calzada y las vías de servicio, cubierto por dos metros de tierra vegetal donde crecerán encinas, retamas y matorral mediterráneo.
El objetivo es recrear un entorno continuo que los animales identifiquen como parte de su hábitat. Para ello, el diseño incluye pantallas vegetales que reducen el ruido y la luz del tráfico, así como vallados que guían a la fauna hacia el paso y evitan su acceso a la carretera.
La actuación responde a un problema creciente en la zona: la fragmentación del territorio y el aumento de atropellos en una vía con alto tráfico y valor ecológico. El ecoducto funcionará como un corredor seguro que canalice los desplazamientos naturales de las especies.
Este tipo de soluciones, habituales en países europeos, empiezan a consolidarse también en España como parte de una nueva forma de entender las infraestructuras, donde movilidad y biodiversidad deben convivir.
La M-607, eje clave entre la ciudad y su entorno natural, se convierte así en un ejemplo de cómo adaptar las carreteras a un territorio cada vez más compartido entre humanos y fauna, marcando el camino hacia un modelo urbano más equilibrado.