La actuación se sitúa entre las avenidas de las Suertes y del Ensanche de Vallecas y la calle de Cañada del Santísimo. Es una zona de paso y estancia para muchos vecinos de un barrio joven, con amplias avenidas y una demanda creciente de espacios públicos cómodos, accesibles y bien conectados.
La inversión ha sido de 1,1 millones de euros. Con ese presupuesto se han renovado recorridos peatonales, se han mejorado zonas de uso diario y se ha buscado que el parque sea más fácil de atravesar para personas mayores, familias con carritos, niños y vecinos con movilidad reducida.
Uno de los cambios más prácticos está en los nuevos caminos accesibles. El parque gana recorridos más claros y cómodos, algo importante en un barrio donde muchas distancias se hacen a pie entre viviendas, colegios, comercios, paradas de transporte y zonas de ocio.
También se han creado áreas de picnic con mesas, pensadas para convertir el parque en algo más que un lugar de paso. La idea es que los vecinos puedan quedarse, comer algo, descansar o reunirse sin depender siempre de terrazas o locales cerrados.
El deporte tendrá más presencia con una nueva zona de calistenia. Este tipo de instalaciones se ha convertido en una demanda habitual en muchos barrios de Madrid, porque permite entrenar al aire libre sin coste y aprovecha mejor los espacios verdes durante todo el año.
La intervención incluye además mejoras en las zonas infantiles y caninas. Para muchas familias y dueños de perros, estos espacios son los que marcan el uso real del parque en la rutina diaria: bajar un rato por la tarde, encontrarse con otros vecinos o hacer una pausa cerca de casa.
El carril bici también se ha rehabilitado y señalizado. La mejora ayuda a ordenar mejor la convivencia entre peatones y ciclistas, y refuerza una movilidad más cómoda dentro de un barrio donde las distancias internas pueden ser largas.
La parte ambiental es otro de los puntos fuertes del proyecto. El parque incorpora un sistema de drenaje sostenible para aprovechar mejor el agua de lluvia y reducir la escorrentía, una solución cada vez más necesaria en una ciudad que alterna periodos secos con episodios de lluvia intensa.
La nueva vegetación también cambiará el paisaje. Se han plantado 430 árboles y más de 13.300 arbustos adaptados al clima madrileño, una apuesta que busca mejorar la biodiversidad, dar más sombra con el paso del tiempo y hacer el entorno más agradable en los meses de calor.
En un barrio como el Ensanche de Vallecas, las zonas verdes tienen un papel especial. No son solo decoración urbana: funcionan como lugar de encuentro, paseo, juego, deporte y descanso en una zona de Madrid que ha crecido rápido y donde muchos vecinos reclaman más servicios de proximidad.
La renovación del parque llega en un momento en el que la ciudad necesita espacios públicos mejor preparados para el calor, la convivencia y el uso intensivo. La sombra, los bancos, los caminos accesibles o los árboles no son detalles menores; son los elementos que deciden si un parque se usa de verdad o se atraviesa sin quedarse.
Para los vecinos, la mejora se notará en gestos sencillos: pasear sin sortear caminos incómodos, entrenar al aire libre, sentarse a la sombra, llevar a los niños al parque o moverse en bici con más seguridad.
El Ensanche de Vallecas gana así un espacio verde más completo y habitable. La obra no cambia por sí sola todos los retos del barrio, pero sí mejora una parte importante de su vida cotidiana: la posibilidad de tener cerca un parque donde quedarse, no solo pasar.