El precio del alquiler en Madrid no deja de sorprender. En 2025, Sanchinarro se ha convertido en el epicentro de la subida: alquilar un piso de 70 metros cuadrados ya ronda los 1.400 euros mensuales, una cifra que hasta hace poco parecía reservada a barrios del centro. El incremento, cercano al 20% en solo un año, ha cambiado la percepción de este barrio del norte y ha alterado los planes de muchas familias que buscan vivienda sin alejarse demasiado de la ciudad.
La vida cotidiana en Sanchinarro refleja este salto. Familias que hace unos años encontraban aquí una alternativa tranquila y asequible, ahora se enfrentan a precios que rivalizan con los de Salamanca o Chamberí. La demanda no solo viene de quienes trabajan en las zonas empresariales cercanas, sino también de propietarios que ven en el barrio una inversión segura. La buena conexión con la M-30 y la M-40, los colegios y los servicios han convertido a Sanchinarro en un polo residencial donde la presión se nota en cada mudanza.
El fenómeno no es exclusivo de Sanchinarro. Barrios como Puente de Vallecas, San Blas-Canillejas o Vicálvaro también han experimentado subidas de dos dígitos, aunque el salto en Hortaleza destaca por su intensidad. Mientras tanto, los distritos tradicionalmente caros mantienen sus precios altos, pero el mayor dinamismo se traslada a zonas que hasta hace poco eran consideradas alternativas o periféricas. El resultado: mudarse a Sanchinarro hoy supone pagar casi 250 euros más al mes que hace un año por el mismo piso de tres habitaciones.
Este desplazamiento de la demanda, conocido como spillover, está reconfigurando el mapa residencial de Madrid. Cuando el centro se vuelve inaccesible, la presión se traslada a barrios con mejor relación calidad-precio, lo que termina por encarecerlos y empuja a nuevos colectivos hacia la periferia. Madrid ya empieza a moverse en esa dirección, y el ritmo de cambio se nota en la conversación diaria sobre vivienda.
Sanchinarro nació a principios de los 2000 como respuesta a la falta de espacio en el centro. Urbanizaciones modernas, zonas verdes y una oferta de servicios pensada para familias definieron su carácter desde el principio. Dos décadas después, el barrio ha dejado de ser una alternativa razonable para convertirse en uno de los lugares más codiciados del norte. La transformación se percibe en el ambiente: más movimiento en las calles, nuevos comercios y una sensación de que el barrio ya juega en otra liga dentro de Madrid.