La inversión supera los 2,3 millones de euros, IVA incluido, y afectará a las instalaciones de formación situadas en los depósitos de Cuatro Vientos, Canillejas y Hortaleza. Son espacios clave para preparar a los profesionales que después conducirán trenes en distintas líneas de la red.
La renovación no será solo estética ni informática. Los nuevos simuladores permitirán recrear mejor la cabina de conducción, los mandos, los recorridos y las situaciones que un maquinista puede encontrarse durante el servicio. La idea es que el entrenamiento se parezca más a la experiencia real de conducir un tren.
Uno de los cambios más relevantes será la incorporación de nuevos trazados. Entre ellos estará la futura ampliación de la línea 11 entre Plaza Elíptica y Conde de Casal, una de las obras más importantes para el Metro madrileño en los próximos años.
También se actualizarán otros entornos de circulación, como los de la línea 9A, Metrosur y estaciones o modificaciones que no estaban incluidas en las versiones actuales. Esto permitirá que la formación no se quede anclada en una red que ya ha cambiado y que seguirá creciendo.
El problema es que parte de los equipos actuales se ha quedado muy atrás. Según la documentación de Metro, algunos simuladores funcionan todavía con sistemas operativos obsoletos, como Windows XP o Windows 7, ya sin soporte. Además, el nivel de inmersión es bajo en comparación con las posibilidades actuales.
En Cuatro Vientos, por ejemplo, el sistema ni siquiera reproduce de forma completa el pupitre de conducción. En lugar de mandos similares a los de un tren, se trabaja con un ratón, una limitación evidente para una formación que debe preparar decisiones rápidas y situaciones complejas.
Metro también quiere reducir las incidencias técnicas de los simuladores actuales. La empresa admite que algunos fallos dificultan una formación sistemática y planificada, algo especialmente delicado cuando estos equipos sirven para entrenar a conductores de diferentes series de trenes y líneas.
La modernización incluirá nuevo hardware para reproducir mejor los mandos de conducción. En algunos casos, los equipos llevan más de 20 años en funcionamiento, con un desgaste que ya afecta tanto a la fiabilidad como a la utilidad del entrenamiento.
La actualización llega en un momento de cambios importantes para la red. Metro prepara nuevas infraestructuras, redistribución de trenes y proyectos como la automatización de la línea 6, donde ya se ha iniciado la formación de los primeros operadores vinculados a los futuros trenes sin conductor.
Para los viajeros, estos simuladores no se verán en el andén ni aparecerán en los mapas de la red, pero forman parte de la seguridad diaria del servicio. Cuanto más realista sea la formación, mejor preparados estarán los maquinistas para responder a incidencias, cambios de señalización, averías o situaciones inesperadas.
La renovación de los simuladores muestra una parte poco visible del transporte público: antes de que un tren llegue a tiempo, pare con suavidad o resuelva una incidencia sin bloquear media línea, hay horas de formación detrás. Madrid moderniza así una herramienta discreta, pero esencial para que el Metro funcione con más seguridad y se adapte a la red que viene.