La primera parada será el 31 de mayo, con la Sinfonía nº 8 en mi bemol mayor de Gustav Mahler, conocida como la Sinfonía de los Mil. No es una obra que se programe todos los días: exige una plantilla enorme, varios coros, solistas y una orquesta capaz de sostener una partitura desbordante. El concierto servirá además para celebrar el 25 aniversario de la Orquesta Filarmonía de Madrid y cerrar su Ciclo Esencial 2025/26.
En el escenario estarán la Orquesta y el Coro Filarmonía, los Participativos Filarmonía, la Escolanía de Segovia y siete solistas vocales, con Pascual Osa al frente. La cita será a las 19:30 en la Sala Sinfónica, con entradas en varias franjas de precio. Para quien busque una experiencia más intensa que un concierto convencional, Mahler ofrece justo eso: una música que parece empujar las paredes del auditorio.
El 6 de junio llegará el cambio total de registro con Broadway en Concierto 2026. La Filarmonía recupera un formato que ya se ha convertido en una cita reconocible para el público madrileño: gran orquesta, más de 400 voces, solistas del musical español y repertorio pensado para quienes disfrutan tanto de la música en directo como del espectáculo.
El programa incluirá fragmentos de grandes musicales y películas musicales, con títulos como El rey león, Los miserables, Evita, Frozen, Matilda, Billy Elliot, Vaiana o El jorobado de Notre Dame. Es una noche con menos solemnidad que Mahler y más ganas de cantar desde la butaca, algo que explica por qué este formato ha ido ganando público año tras año.
La tercera cita será el 16 de junio, también a las 19:30, con una Antología de la Zarzuela. Después del éxito de anteriores conciertos dedicados al género, Filarmonía vuelve a llevar al Auditorio Nacional una selección pensada para quienes quieren reencontrarse con una tradición muy ligada a Madrid, pero también para quienes quizá solo conocen la zarzuela de oídas.
Las tres propuestas funcionan casi como tres puertas de entrada a la música en directo. Mahler habla al público que busca una experiencia sinfónica enorme; Broadway atrae a quienes vienen del teatro musical y la cultura popular; la zarzuela devuelve al escenario un repertorio que forma parte de la memoria sentimental de la ciudad.
El Auditorio Nacional, en Príncipe de Vergara, no necesita muchos adornos para justificar su peso en Madrid. Pero una agenda así recuerda por qué sigue siendo un punto de referencia: en pocas semanas puede pasar de una sinfonía gigantesca a una noche de musicales y después a una antología de zarzuela. Esa variedad es precisamente lo que mantiene viva la escena cultural de la ciudad: no obliga a elegir una sola forma de escuchar música, sino que abre la puerta a públicos distintos bajo el mismo techo.