El cambio se incorporará a la Ley Forestal y de Protección de la Naturaleza después de que los últimos grandes incendios hayan puesto el foco en el riesgo de determinadas especies utilizadas habitualmente para cerrar parcelas. El Gobierno regional considera que su elevada inflamabilidad puede favorecer que las llamas avancen con rapidez hacia las viviendas.
La medida tendrá especial importancia en urbanizaciones próximas al monte, donde los jardines y cerramientos privados se mezclan directamente con la vegetación forestal. Según la Comunidad, Madrid será la primera autonomía en introducir una prohibición de estas características en las zonas de interfaz urbano-forestal.
Los propietarios podrán acogerse a una nueva línea de ayudas de un millón de euros para retirar las arizónicas y sustituirlas por especies consideradas más adecuadas frente al fuego. El objetivo es que la adaptación de las parcelas no dependa únicamente de la capacidad económica de cada familia y acelerar los cambios en las zonas de mayor riesgo.
La sustitución ya ha comenzado en algunos lugares afectados por incendios. El IMIDRA ha repartido 3.400 plantas, entre ellas 1.600 ejemplares autóctonos de madroños, majuelos, endrinos, jaras, laureles, coscojas y espinos, con la intención de crear cerramientos menos vulnerables a la propagación de las llamas.
El anuncio coincide con el primer aniversario del incendio de Tres Cantos, que calcinó cerca de 2.000 hectáreas, afectó especialmente a Soto de Viñuelas y causó una víctima mortal. El fuego dañó gravemente más del 85 % del Monte de Viñuelas y obligó a intervenir posteriormente en las zonas más castigadas para frenar la erosión y favorecer la recuperación de la vegetación.
La Comunidad también prepara nuevas actuaciones urgentes en los montes afectados este verano en la Sierra Oeste, entre ellas la retirada de arbolado quemado y la apertura de franjas de seguridad junto a pistas forestales. A estas medidas se sumará una convocatoria de 1,12 millones de euros para propietarios de terrenos dañados por los incendios.
El cambio afectará especialmente a quienes viven en chalés y urbanizaciones próximas al monte, donde durante décadas las arizónicas han sido uno de los cerramientos vegetales más habituales. La nueva normativa obligará a replantear ese paisaje residencial con una prioridad distinta: que jardines y setos funcionen también como primera línea de defensa cuando el fuego se acerca a las casas.