Zonas como El Cañaveral, Valdecarros o Los Berrocales concentran el cambio. Con este nuevo enfoque, la capital podría sumar hasta 300.000 viviendas y una población equivalente a la de grandes ciudades españolas dentro de su propio término municipal.
La experiencia reciente pesa en la decisión. En barrios ya habitados, muchos vecinos llevan años esperando equipamientos básicos. La baja densidad ha retrasado la llegada de centros de salud, institutos o transporte público, encareciendo además su implantación. El nuevo plan busca evitar ese desfase: más viviendas desde el inicio para que los servicios lleguen antes.
El proyecto, aún en fase de diseño y con horizonte de aprobación hacia 2027, se plantea a largo plazo. Parte de las viviendas —entre el 50% y el 58% en algunos desarrollos— tendrá algún tipo de protección pública, en un intento de equilibrar mercado y acceso.
El gran desafío sigue siendo la movilidad. Urbanistas coinciden en que este modelo solo funcionará si el transporte público acompaña desde el primer momento. Sin metro ni conexiones rápidas, el riesgo es repetir problemas ya conocidos: barrios llenos pero mal conectados.
Madrid cambia la forma de construir ciudad. Más densidad puede significar barrios con más vida y servicios antes, pero también mayor presión sobre transporte y espacio público. El equilibrio entre crecimiento y calidad urbana marcará cómo se vive en estos nuevos distritos en los próximos años.