El cambio más visible llegará en la gestión diaria. La ciudad incorporará sistemas de inteligencia artificial para controlar mejor el estado de jardines y arbolado, detectar incidencias y organizar trabajos de mantenimiento con más rapidez.
La inversión también crece con fuerza. El presupuesto anual supera los 150 millones de euros y permitirá ampliar plantillas hasta alcanzar unos 3.000 trabajadores en campañas estacionales, especialmente en momentos de calor extremo o riesgo climático.
El contrato obliga además a reforzar medidas de biodiversidad y sostenibilidad. Habrá refugios para insectos, cajas nido, charcas artificiales y más control biológico de plagas, mientras se mantienen restricciones al uso de productos químicos.
Los cambios afectarán especialmente a nuevos barrios y grandes zonas verdes en expansión. También se busca acelerar la respuesta tras tormentas, caídas de árboles o situaciones de riesgo vinculadas a incendios y fenómenos meteorológicos.
Madrid refuerza así su estrategia verde en un momento donde el espacio público gana peso en la vida urbana. La calidad de parques y jardines ya no se entiende solo como estética: influye directamente en cómo se vive, se pasea y se soporta el calor en la ciudad.