La producción se concentrará en los dos viveros gestionados por el IMIDRA, situados en El Escorial y en la finca experimental de Arganda del Rey. También participará el Banco de Germoplasma Forestal, que conserva semillas y material vegetal procedente de diferentes espacios naturales de la región.
Entre las especies que se cultivarán aparecen árboles y arbustos habituales de los montes madrileños, como encinas, quejigos, robles, fresnos, jaras, retamas y majuelos. La intención es utilizar variedades adaptadas al territorio y capaces de integrarse mejor en los ecosistemas afectados por el fuego.
El programa incluye además especies con distintos niveles de protección dentro del Catálogo Regional de Especies Amenazadas. En los viveros madrileños se producen ejemplares de tejo, acebo, madroño, alcornoque, olmo de montaña y mostajo, entre otras variedades.
Una parte fundamental del proceso comienza antes de llegar al vivero. Los equipos del IMIDRA recogen las semillas directamente en montes, espacios naturales y fuentes semilleras de la Comunidad de Madrid, lo que permite conservar material genético propio de la región.
Utilizar semillas locales aumenta las posibilidades de que las nuevas plantas soporten las condiciones de temperatura, suelo y disponibilidad de agua de los lugares donde posteriormente serán introducidas. La restauración no consistirá, por tanto, únicamente en plantar árboles, sino en reconstruir progresivamente ecosistemas con especies adecuadas para cada zona.
El aumento de la producción forma parte de las actuaciones previstas para recuperar la Sierra Oeste después de unos incendios que han dejado extensas superficies forestales dañadas. La regeneración necesitará años y combinará la evolución natural del monte con intervenciones específicas allí donde sea necesario acelerar la recuperación o evitar la pérdida de suelo.
Los primeros resultados no serán inmediatos. Muchas de las plantas que ahora empiezan su recorrido en los viveros madrileños tardarán años en formar parte del paisaje de la Sierra Oeste, pero esas 300.000 unidades serán una de las herramientas con las que la región intentará devolver vegetación y biodiversidad a los terrenos castigados por el fuego.