Las evaluaciones incluirán a estudiantes de cuarto y sexto de Primaria, y de segundo y cuarto de ESO, ampliando el alcance previsto por la normativa estatal. Se llevarán a cabo en centros públicos, concertados y privados, y permitirán a los colegios ajustar métodos y recursos.
Las familias recibirán los resultados, lo que facilitará el seguimiento del progreso académico y la detección temprana de dificultades. Para muchos centros, estas pruebas sirven como herramienta para revisar cómo se enseña y qué aspectos necesitan refuerzo.
Este tipo de evaluaciones tiene un impacto directo en la vida educativa de la ciudad. Afecta a alumnos, familias y docentes, y puede influir en la forma en que se organizan las clases, se asignan recursos y se abordan las desigualdades entre centros y barrios. A corto plazo, abril estará marcado por estas pruebas en miles de aulas. A medio plazo, los resultados serán clave para definir cambios en el sistema educativo y mejorar la calidad del aprendizaje en la región.