Desde Alonso Martínez hasta Gran Vía, la imagen fue la de una tarde de verano casi normal. El olor a humo, el cielo gris y la presencia de ceniza en algunos puntos no bastaron para vaciar el centro, donde muchos viandantes aseguraban no conocer las recomendaciones sanitarias.
Las autoridades habían pedido cerrar puertas y ventanas, reducir el ejercicio al aire libre y utilizar mascarilla en caso de exposición prolongada. La advertencia era especialmente importante para mayores, niños y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares.
Las estaciones de Méndez Álvaro, Moratalaz, Ensanche de Vallecas y Plaza de España registraron durante la mañana algunos de los peores datos. Las partículas PM2,5 y PM10 se concentraron sobre todo en el centro y el sur, las áreas más afectadas por el desplazamiento del humo.
En la plaza de Santa Bárbara, las terrazas continuaron llenas y el tráfico apenas cambió. Algunos trabajadores sí percibieron un ambiente más cargado, con humo visible en determinados tramos y pequeñas partículas de ceniza que llegaron a depositarse sobre coches y ventanas.
La situación también se notó en barrios como San Fermín y en municipios del sur y el oeste metropolitano. Allí, el olor a madera quemada fue más intenso, aunque la mayoría de los residentes mantuvo sus desplazamientos y sus planes cotidianos.
Sanidad insistió en limitar la exposición y seguir las indicaciones de los servicios de emergencia. La respuesta, sin embargo, fue desigual: mientras algunas personas optaron por quedarse en casa o ponerse mascarilla, otras continuaron paseando sin apenas cambios.
La escena deja una ciudad activa bajo un cielo poco habitual, con terrazas llenas y una capa de humo suspendida sobre las avenidas. El aire obligó a extremar la precaución, pero no consiguió frenar del todo el pulso de Madrid.