Madrid se prepara para un cambio que puede transformar la forma en que se mueve el turismo por la ciudad. El Ayuntamiento trabaja en un plan para permitir nuevos tipos de alojamiento, como apartahoteles y fórmulas de flexliving, en dieciséis áreas industriales repartidas por ocho distritos. El objetivo es claro: que los visitantes no se concentren solo en el centro y que barrios como Fuencarral, Barajas o Usera reciban parte de ese flujo.
La propuesta, impulsada desde el área de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, plantea modificar la normativa vigente para que en suelos industriales regulados por la Norma Zonal 9 grado 3 puedan instalarse no solo hoteles, sino también pensiones, casas de hospedaje y alojamientos flexibles. Hasta ahora, la ley solo permitía hoteles en estos espacios, dejando fuera otras opciones que el sector turístico venía reclamando para ampliar la oferta de corta y media estancia.
El plan especial, que podría llegar a la Junta de Gobierno antes del verano, afectaría a más de 240 parcelas en distritos como Arganzuela, Chamartín, Ciudad Lineal, Hortaleza y San Blas. El Consistorio ha revisado más de 3.000 parcelas industriales y concluye que muchas de ellas han perdido su carácter puramente industrial, evolucionando hacia usos mixtos y terciarios, lo que abre la puerta a nuevas actividades.
Entre las zonas señaladas destacan el polígono de la Carretera de Burgos, el entorno de la calle Costa Rica junto a la M-30, la avenida de Andalucía o el Barrio del Aeropuerto. La idea es que la llegada de visitantes a estos barrios impulse el comercio local y ayude a revitalizar áreas menos transitadas, en línea con la estrategia municipal de descentralizar el turismo y aliviar la presión sobre el centro.
La normativa actual, que data de 1997, se diseñó para evitar que los alojamientos turísticos se convirtieran en viviendas encubiertas, especialmente en formato loft. Sin embargo, el Ayuntamiento considera que la transformación de muchos polígonos industriales hacia oficinas y servicios permite ahora flexibilizar las reglas. Además, se estudiará caso a caso si otros ámbitos industriales, regulados por grados 4 y 5, pueden sumarse a esta apertura en el futuro.
Los cambios previstos no solo afectan a la oferta turística, sino que pueden modificar el ritmo de barrios que hasta ahora quedaban fuera de las rutas habituales de visitantes. Madrid ya empieza a moverse en esa dirección.
Los polígonos industriales de Madrid han vivido una transformación silenciosa en la última década. Muchos espacios antes dedicados a la industria pesada han dado paso a oficinas, pequeños comercios y servicios. Esta evolución ha cambiado la vida de barrios periféricos, que ahora buscan nuevas fórmulas para atraer actividad y mejorar su entorno urbano. La llegada de alojamientos turísticos puede ser el siguiente paso en esa adaptación constante al pulso de la ciudad.