El turismo en Madrid se prepara para un giro que puede transformar la forma en que la ciudad recibe a sus visitantes. El Ayuntamiento ha iniciado los trámites para permitir la apertura de apartahoteles, flexliving y otros alojamientos de corta y media estancia en dieciséis áreas industriales repartidas por ocho distritos. Hasta ahora, estos usos estaban vetados en más de 240 parcelas de barrios como Chamartín, Barajas, Fuencarral-El Pardo, Usera, Ciudad Lineal, Hortaleza y San Blas-Canillejas.
La decisión responde a una demanda del sector turístico, que busca alternativas ante las restricciones en el centro y la necesidad de descentralizar la oferta. El Consistorio, tras analizar más de 3.000 parcelas industriales, ha detectado que muchas de ellas han perdido su carácter puramente industrial y han ido incorporando oficinas y servicios. Especialmente en suelos regulados por la Norma Zonal 9 grado 3º, donde la actividad económica se ha diversificado con el tiempo.
El plan municipal prevé eliminar las limitaciones que desde 2007 impedían implantar alojamientos distintos a hoteles en estos ámbitos. Aquella normativa se diseñó para evitar que los apartamentos turísticos se convirtieran en viviendas encubiertas, lo que suponía una pérdida de suelo para la economía y problemas de convivencia. Ahora, el Ayuntamiento considera que la evolución de estos barrios permite introducir nuevos usos sin alterar su función principal.
La medida se enmarca en la estrategia de descentralización del turismo y en los objetivos del Plan Estratégico de Turismo de la Ciudad de Madrid 2024-2027. El nuevo plan especial permitirá que zonas como el polígono de la carretera de Burgos, el entorno de la M-30 en Chamartín, la avenida de Andalucía en Usera o el barrio del Aeropuerto en Barajas puedan acoger alojamientos flexibles y apartahoteles.
El Ayuntamiento no descarta ampliar la iniciativa a otros polígonos tradicionales si su evolución urbana lo permite. Madrid ya empieza a moverse en esa dirección, buscando un equilibrio entre actividad económica y nuevas formas de hospedaje.
La Norma Zonal 9 grado 3º, clave en este cambio, regula áreas urbanas pensadas originalmente para la industria, pero que han ido adaptándose a los servicios y oficinas. Estos espacios, repartidos por la periferia, reflejan la transformación de la ciudad y su capacidad para reinventarse según las necesidades de cada momento. Así, Madrid ajusta su ritmo y redefine el mapa del turismo urbano.