Las obras cuentan con una inversión de 5,3 millones de euros y se prolongarán hasta principios de 2027. El proyecto actuará sobre uno de los tramos con más tráfico de la capital, donde la presencia de grandes infraestructuras ha marcado durante años la separación entre ambos lados de la vía.
La actuación creará un nuevo ámbito de 16.370 metros cuadrados sobre la M-30. El objetivo es facilitar los recorridos a pie y hacer más amable un entorno dominado hasta ahora por rampas, muros, tráfico y desniveles.
Los laterales de las rampas que conectan la M-30 con la calle de Alcalá y los estribos del puente quedarán cubiertos por especies mediterráneas. La vegetación ayudará a reducir el impacto visual de la infraestructura y aportará una imagen más integrada en el paisaje urbano.
Buena parte de los trabajos se realizará por la noche para reducir las afecciones a la circulación. Aun así, durante los próximos meses podrán producirse cortes puntuales, estrechamientos y cambios de acceso en una zona especialmente sensible en las horas punta.
El sistema de riego funcionará de forma automatizada y utilizará agua regenerada del Canal de Isabel II. También contará con control telemático y una estación meteorológica para ajustar el consumo según la temperatura, la humedad y las necesidades de las plantas.
Un colector permitirá recuperar el agua sobrante y evitar desperdicios. El mantenimiento será clave para que los jardines conserven su aspecto y no se conviertan en una instalación difícil de sostener con el paso del tiempo.
La obra deja sobre la mesa algo más que un cambio estético. Ventas ganará un recorrido peatonal más claro entre barrios y una infraestructura menos hostil en una zona donde cada cruce, cada rampa y cada acceso condicionan los desplazamientos diarios.