El cambio afecta a personas que deben cumplir 42 días de cuarentena tras haber estado expuestas al virus. En el caso de los españoles vinculados al brote del buque Hondius, esa última fase domiciliaria podría empezar a partir del 7 de junio si continúan asintomáticos y con pruebas negativas.
No será una cuarentena doméstica normal. El domicilio deberá disponer de una habitación individual bien ventilada y, preferentemente, baño propio. También será obligatorio mantener comunicación permanente con las autoridades sanitarias por teléfono o internet, para que los equipos de Salud Pública puedan hacer seguimiento diario.
El traslado desde el hospital o centro de aislamiento tampoco podrá hacerse en transporte público ni en vehículo particular sin control. El protocolo exige transporte sanitario convencional, mascarilla FFP2 para la persona en seguimiento y para el conductor, separación durante el trayecto e higiene de manos antes y después del desplazamiento.
La decisión intenta equilibrar dos necesidades: mantener la vigilancia sobre una infección poco habitual y reducir el desgaste personal de un aislamiento muy largo. Cuarenta y dos días encerrado en un centro sanitario no pesan solo en términos médicos; también afectan a familias, trabajo, descanso y salud mental.
Las autoridades insisten, aun así, en que la prudencia sigue siendo clave. Cualquier síntoma o PCR positiva cambiaría el escenario y obligaría a activar medidas más estrictas. El paciente español que dio positivo permanece bajo control sanitario, mientras los contactos que han seguido dando negativo podrán avanzar hacia una cuarentena menos hospitalaria si cumplen los requisitos.
El brote vinculado al Hondius ha obligado a coordinar vigilancia en varios países y a seguir a cientos de contactos. En España, el Gómez Ulla ha sido el centro de referencia para los aislados procedentes del buque, con controles periódicos y medidas de bioseguridad desde su llegada.
La novedad no significa que la alerta termine, sino que el protocolo se ajusta a una realidad más manejable: personas sin síntomas, pruebas negativas y necesidad de recuperar algo de normalidad sin romper el aislamiento. Para las familias afectadas, poder pasar los últimos días en casa no borra la incertidumbre, pero sí cambia bastante la forma de sobrellevarla.