El caos se notó especialmente después de los conciertos principales, con grandes bolsas de público caminando por zonas residenciales, tráfico retenido y dificultades para acceder a algunas viviendas. Para los asistentes fue una vuelta lenta y confusa; para los vecinos, otra noche de calles saturadas y sensación de invasión del barrio.
Getafe ha elevado el tono tras lo ocurrido. El Ayuntamiento denuncia que el dispositivo de movilidad fue insuficiente y que una modificación del tráfico en la M-45 acabó derivando vehículos hacia Getafe Norte, provocando un colapso que afectó de lleno al vecindario.
Según fuentes municipales, unas 16.000 personas atravesaron el barrio durante la salida del festival, muchas de ellas desorientadas por la falta de señalización clara. La Policía Local también registró cerca de un centenar de sanciones por comportamientos incívicos y estacionamientos indebidos en el entorno.
La situación obligó a Getafe a tomar nuevas medidas para las siguientes jornadas, como restringir el acceso al aparcamiento del Coliseum a no residentes. El objetivo es evitar que el barrio vuelva a convertirse en aparcamiento improvisado y zona de paso masivo para un evento que se celebra fuera de su término municipal.
En Villaverde, las críticas apuntan al mismo problema de fondo: el recinto está demasiado pegado a zonas residenciales para absorber macroeventos de este tamaño sin alterar la vida diaria. Asociaciones vecinales llevan meses advirtiendo de ruido, tráfico, cortes, falta de aparcamiento y dificultades de acceso a las viviendas.
El Ayuntamiento de Madrid sostiene que no hubo incidencias especialmente graves, aunque admite que habrá ajustes en el operativo. Esa respuesta no convence a quienes viven cerca del recinto, que reclaman soluciones antes de que cada gran festival repita el mismo patrón.
La noche deja una pregunta difícil para el sur de Madrid: cuánta presión puede soportar un barrio para que la ciudad mantenga su calendario de macroeventos. Mad Cool mueve música, público y actividad económica, pero también obliga a miles de vecinos de Villaverde y Getafe a reorganizar su descanso, sus desplazamientos y hasta la forma de llegar a casa.