Este impulso llega después de que el género fuera reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial a nivel estatal en 2024. Ahora, Madrid subraya su vínculo histórico con una tradición que nació en la ciudad en el siglo XVII y que ha retratado durante siglos la vida cotidiana madrileña.
La zarzuela evolucionó especialmente en el siglo XIX, con formatos que iban desde grandes producciones cercanas a la ópera hasta la llamada “zarzuela chica”, más breve y popular. Obras como La verbena de la Paloma o La Gran Vía siguen formando parte del imaginario cultural de la ciudad.
El nuevo reconocimiento no es solo simbólico. La declaración como BIC permitirá impulsar su programación en teatros y espacios municipales, además de acercarla a nuevos públicos. En este contexto, lugares como el Teatro de la Zarzuela refuerzan su papel como epicentro de este género.
A lo largo del siglo XX, la zarzuela supo adaptarse a los cambios sociales y expandirse también a América Latina, donde incorporó nuevos estilos y elementos locales. Hoy, su repertorio supera los 10.000 títulos y sigue vivo gracias a compañías, músicos y espacios culturales.
Más allá de los escenarios, la zarzuela forma parte de la identidad de Madrid. Su música y sus historias han servido durante décadas para contar la ciudad desde dentro. Con esta nueva protección, Madrid apuesta por preservar ese legado y mantenerlo presente en su agenda cultural.