Las donaciones entran de forma continua y muchas llegan nuevas, etiquetadas y separadas por categorías. Esta organización permite reducir tiempos y distribuir cada artículo según las necesidades reales de quienes tuvieron que abandonar sus viviendas con apenas unas horas de margen.
En la clasificación participan voluntarios de todas las edades, incluidos niños y adolescentes del grupo scout Orión. Durante las mañanas doblan prendas, separan tallas y preparan lotes concretos para familias, mayores y menores alojados en los centros de acogida.
La Frontera trabaja en municipios como Fresnedillas, Navalagamella, Valdemorillo, Alcobendas, Villanueva de la Cañada, Las Rozas y Móstoles, además de Madrid capital. Esa presencia previa ha permitido que muchos evacuados encuentren caras conocidas y una atención más cercana al solicitar ayuda.
Las necesidades han ido cambiando con el paso de los días. Al principio se buscaban desayunos y comidas, pero pronto hicieron falta mudas de ropa, chanclas, calcetines, cremas, colonias y productos de limpieza para quienes llevaban varias noches durmiendo fuera de casa.
Empresas y particulares han respondido con donaciones de neceseres y artículos básicos. Los voluntarios revisan cada entrega para que el material llegue ordenado y pueda utilizarse de inmediato, sin cargar de trabajo adicional a los equipos desplegados en los polideportivos.
En el centro José Caballero de Alcobendas, la ayuda se reparte de manera personalizada. Los voluntarios buscan prendas según la talla y las preferencias de cada persona, un detalle que permite recuperar algo de normalidad en medio de la incertidumbre.
La Frontera trabaja desde 1988 con personas en situación de vulnerabilidad y conoce de cerca a muchas de las familias afectadas. Esa red construida durante años ha permitido reaccionar con rapidez y convertir pequeños gestos cotidianos en un apoyo práctico para quienes dejaron atrás su hogar.