El Consistorio insiste en que no se trata de una tala, sino de un traslado temporal. Los ejemplares han sido extraídos y llevados a viveros municipales, donde permanecerán hasta que puedan ser replantados. Fuentes municipales explican que el movimiento busca protegerlos durante el montaje de la infraestructura, ya que podrían sufrir daños si se quedaran en la plaza.
La replantación, sin embargo, no será inmediata en todos los casos. Una vez termine la visita papal, el Ayuntamiento valorará si las condiciones climáticas son adecuadas para devolver los árboles a Cibeles. Si el calor no lo permite, la operación se retrasará hasta otoño. También se estudiará la posibilidad de aumentar el arbolado de la plaza más adelante.
La explicación no ha calmado del todo las críticas. Más Madrid ha pedido frenar la actuación y sostiene que trasplantar árboles en estas fechas, con temperaturas cada vez más altas, puede ser prácticamente lo mismo que condenarlos. Su portavoz de Medio Ambiente, José Luis Nieto, llevó la denuncia al pleno municipal y vinculó el caso con otras polémicas recientes sobre arbolado en la capital.
La retirada llega en plena transformación de la ciudad para recibir al Papa. Madrid prepara un gran dispositivo de seguridad, movilidad y decoración, con Cibeles como escenario central de la misa y la plaza de Lima como punto clave de la vigilia juvenil del día anterior. La visita, prevista entre el 6 y el 9 de junio, obligará a cortar tráfico, modificar accesos y reorganizar buena parte del centro.
Para muchos vecinos, el problema no es solo qué ocurre con estos seis árboles, sino la sensación de que el verde urbano siempre queda en una posición frágil cuando llegan obras, eventos o montajes temporales. En una plaza dura, monumental y muy expuesta al calor, cada sombra cuenta más de lo que parece.
Cibeles está acostumbrada a celebraciones, protestas, cortes y grandes actos. Esta vez, el cambio se nota en algo más pequeño pero muy visible: seis huecos donde antes había árboles. Si vuelven sanos después de la visita, el episodio quedará como una intervención temporal. Si no, alimentará una desconfianza que en Madrid ya viene de lejos: la idea de que el arbolado se promete, se retira y luego cuesta demasiado recuperarlo.