En Madrid, la vida escolar se complica cada vez más para familias, estudiantes y docentes. La llegada de Mercedes Zarzalejo a la Consejería de Educación ha reactivado viejas demandas que siguen sin respuesta. Mientras la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha cerrado acuerdos con las universidades públicas, los colegios e institutos afrontan una situación límite: falta de personal, problemas en las infraestructuras y servicios esenciales que no llegan a todos los centros.
Los sindicatos insisten en que la nueva consejera debe escuchar a quienes viven el día a día en las aulas. Desde CSIF Educación y Comisiones Obreras resumen el ambiente como una “olla a presión”. Reclaman soluciones rápidas a cuestiones que se arrastran desde hace cursos: plantillas insuficientes, aulas sin climatización, escasez de plazas públicas en Formación Profesional y dificultades para realizar prácticas, además de la falta de comedores en secundaria y becas que priorizan la educación privada.
La situación se ha hecho visible en institutos como el Miguel de Cervantes y el Rayuela, en Móstoles, donde el personal ha ido a la huelga por la falta de recursos y el deterioro de las instalaciones. Denuncian goteras, aulas inutilizadas, problemas eléctricos y escasez de personal de limpieza y administración. La presidenta de la Asociación de Directores de Institutos Públicos de Madrid, Rosa Rocha, subraya la urgencia de cubrir todas las plazas de administración y servicios, especialmente con la inminente campaña de admisión de alumnado. También pide enfermeras y psicólogos en todos los centros, ante el aumento de casos de salud mental entre los estudiantes.
Otra preocupación es la decisión de mantener a los alumnos de primero y segundo de ESO en los colegios de primaria. Los directores consideran que esta medida dificulta la integración y la orientación académica cuando los estudiantes pasan a los institutos. Además, reclaman más plazas de FP en la pública y más empresas colaboradoras para las prácticas, así como una formación docente más práctica para afrontar el primer año en los centros.
Las familias, representadas por la FAPA Francisco Giner de los Ríos, ponen el foco en la climatización de los centros. El calor extremo en verano y el frío en invierno afectan a más de un centenar de colegios, y la falta de avances en un plan específico genera inquietud. También piden comedores en los institutos públicos, ya que menos de veinte centros ofrecen este servicio en toda la Comunidad. Sin comedor, muchos adolescentes pierden la opción de una comida equilibrada al día y el acceso a becas.
La FAPA rechaza los cheques para guarderías, bachillerato y FP en la privada, y defiende que los fondos públicos se destinen a ampliar la oferta pública. La falta de plazas en educación especial y la necesidad de personal formado en las rutas escolares son otras demandas urgentes. Mientras tanto, los docentes reclaman mejoras salariales, reducción de la jornada lectiva y menos burocracia, además de que la gestión de las prácticas de FP recaiga en la Administración y no en los profesores.
La red de centros educativos públicos en Madrid es diversa y extensa, pero arrastra desigualdades según el barrio y el distrito. Los institutos y colegios más antiguos suelen enfrentarse a mayores problemas de mantenimiento y adaptación a las nuevas necesidades. En los últimos años, la demanda de plazas en FP y servicios como comedores o apoyo psicológico ha crecido, reflejando los cambios sociales y familiares de la ciudad. Madrid ya empieza a moverse en esa dirección, pero la velocidad de respuesta sigue siendo clave para que la educación pública acompañe el ritmo real de la vida urbana.