La rutina de quienes cruzan la Castellana a diario está a punto de cambiar. Tras más de un año de vallas, desvíos y pasos improvisados, la plaza de Lima recupera el tráfico habitual este mes. La reapertura supone un alivio para conductores, autobuses y peatones, que han visto alterado el pulso de la zona por las obras de la nueva estación de Bernabéu.
La transformación ha sido profunda. La plaza se levantó por completo para dar paso a una de las estaciones de metro más grandes y modernas de Madrid. El objetivo: dejar atrás pasillos estrechos y crear un vestíbulo central amplio, donde los viajeros puedan orientarse de un vistazo y moverse con mayor fluidez entre la calle y los andenes de la línea 10. La superficie útil de la estación se triplica, pasando de 4.800 a más de 12.400 metros cuadrados, con andenes más anchos y recorridos directos. El rediseño busca absorber mejor las multitudes en días de partido o concierto en el estadio, pero también mejorar la experiencia diaria de miles de usuarios.
Durante meses, la plaza de Lima se convirtió en un cráter abierto, con carriles cortados y desvíos constantes. Ahora, la fase más visible de la obra termina: la estructura principal y la losa de cubierta están casi listas, lo que permite devolver la circulación norte-sur y reducir el impacto en la superficie. Las obras seguirán, pero la mayor parte se traslada al subsuelo, donde la antigua estación será demolida e integrada en el nuevo espacio.
Esta siguiente etapa obligará a cortar la línea 10 en el entorno de Bernabéu durante varios meses. El servicio se dividirá en dos tramos y se reforzará con autobuses especiales. El calendario prevé estos cambios entre primavera y otoño, coincidiendo con las intervenciones técnicas más delicadas bajo tierra.
Al final del proceso, la estación será completamente accesible y conectada con la nueva imagen del estadio. Doce ascensores panorámicos y veinticuatro escaleras mecánicas facilitarán el acceso desde la calle hasta el andén. El vestíbulo contará con tornos y máquinas de venta de última generación, y la decoración incorporará guiños al Real Madrid y su historia, convirtiendo el trayecto en una antesala para los días de partido.
La estación Santiago Bernabéu es mucho más que un punto de paso: es un nodo clave en la movilidad del norte de Madrid y un reflejo de cómo la ciudad adapta sus infraestructuras a los grandes eventos y a la vida cotidiana. Su transformación acompaña la evolución del estadio y del propio barrio, donde el ritmo urbano se ajusta a cada obra, cada reapertura y cada partido. Madrid ya empieza a moverse en esa dirección.