La actividad de las llamadas lágrimas de San Lorenzo se extiende desde mediados de julio hasta finales de agosto, pero su mejor momento llegará durante la noche del 12 al 13. Este año, el máximo coincide con la Luna nueva, por lo que la ausencia de luz lunar permitirá detectar incluso meteoros menos brillantes si el cielo permanece despejado.
En condiciones ideales, alejadas de la contaminación lumínica, la lluvia puede alcanzar una tasa teórica cercana a los cien meteoros por hora. La cifra real que verá cada persona será menor y dependerá de las nubes, la oscuridad del lugar, el campo de visión y el tiempo dedicado a observar.
No hace falta mirar únicamente hacia la constelación de Perseo. Las estrellas fugaces pueden aparecer en cualquier punto del firmamento, por lo que la mejor estrategia consiste en tumbarse o sentarse mirando una zona amplia y despejada, preferiblemente lejos de farolas y edificios altos.
Dentro de la capital, espacios extensos como la Casa de Campo, el parque forestal de Valdebebas, el Parque Juan Carlos I o el entorno del Cerro del Tío Pío pueden ofrecer mejores condiciones que las calles del centro. Aun así, la iluminación urbana hará que los meteoros más débiles resulten difíciles de distinguir.
Quienes puedan desplazarse encontrarán cielos más oscuros en la Sierra de Guadarrama, La Pedriza, el entorno de Navacerrada y los miradores próximos al embalse de El Atazar. Conviene elegir lugares autorizados, comprobar los accesos y evitar detenerse en arcenes o zonas forestales restringidas.
La observación mejora durante la madrugada, cuando el radiante de las Perseidas alcanza mayor altura. También es recomendable permanecer al menos veinte minutos sin mirar pantallas brillantes para que los ojos se adapten a la oscuridad y llevar ropa de abrigo, incluso después de una jornada calurosa.
La noche dejará dos experiencias completamente distintas: primero, un eclipse que exigirá protección ocular homologada; después, una lluvia de estrellas que solo pedirá paciencia y un rincón oscuro. Madrid tendrá así una de esas jornadas en las que el mejor plan estará por encima de tejados, parques y montañas.