La reapertura llega en una fecha muy simbólica. El 13 de junio se celebra San Antonio de Padua, una jornada históricamente ligada a esta ermita y a su romería popular, por lo que el regreso del espacio coincide con uno de los momentos más reconocibles de su calendario.
El principal atractivo sigue estando en el interior. Bajo una apariencia exterior sobria, la ermita conserva los frescos que Francisco de Goya pintó a finales del siglo XVIII, una obra clave del patrimonio madrileño y uno de los grandes motivos para acercarse hasta este rincón junto al Manzanares.
La visita tiene además un peso especial porque el edificio guarda la tumba del propio Goya. Ese vínculo convierte la ermita en algo más que una parada artística: es un lugar donde se cruzan pintura, memoria, devoción popular e historia urbana.
El cierre temporal permitió acometer trabajos de conservación necesarios para proteger un conjunto especialmente delicado. En edificios de este tipo, la humedad, el paso del tiempo, la afluencia de visitantes y las condiciones ambientales obligan a intervenciones periódicas para garantizar que las pinturas puedan seguir viéndose en buenas condiciones.
Con la reapertura, el espacio recupera su horario habitual de verano, de martes a domingo, de 9:30 a 19:00. Los lunes permanecerá cerrado, como ocurre en muchos equipamientos culturales, por lo que conviene planificar la visita antes de acercarse.
La ubicación también ayuda a convertirla en plan de verano. La ermita está cerca de Madrid Río, Príncipe Pío y la zona del Manzanares, lo que permite combinar la visita con un paseo, una ruta cultural o una tarde tranquila lejos de los circuitos más saturados del centro.
San Antonio de la Florida vuelve a recordar que algunos de sus grandes tesoros no están en los museos más conocidos. A veces basta cruzar una puerta discreta para encontrarse con Goya, una tradición popular y una pieza de la ciudad que vuelve justo a tiempo para el verano.