El problema se intensifica en días de partido. Los equipos funcionan durante horas y el olor a gasoil se extiende por las viviendas cercanas. Algunos residentes aseguran que incluso se acumula suciedad en ventanas y fachadas.
Según los vecinos, los generadores están situados a pocos metros de los edificios, lo que podría incumplir la normativa municipal sobre emisiones y distancia mínima. A pesar de las reclamaciones presentadas, no han recibido respuestas claras.
La situación ha sido trasladada también a nivel político en el distrito, pero el problema persiste. Las imágenes difundidas muestran varios equipos instalados en una calle estrecha, concentrando el impacto en una zona muy concreta.
Ni el Ayuntamiento ni el club han dado explicaciones definitivas. Mientras tanto, los vecinos aseguran que el uso de estos generadores aumenta en partidos internacionales, lo que agrava la sensación de abandono.
Este tipo de conflictos refleja una tensión habitual en barrios con grandes infraestructuras. La convivencia entre eventos masivos y vida cotidiana depende de soluciones rápidas, ya que el impacto del ruido y la contaminación se nota cada día en quienes viven junto al estadio.