Uno de los momentos más delicados se vivió en Cadalso de los Vidrios, donde los 117 residentes del centro Alena tuvieron que abandonar el edificio con rapidez. Muchos son personas dependientes o con problemas de salud y fueron evacuados en ambulancias y autobuses, protegidos con mascarillas y, en algunos casos, con apoyo de oxígeno o sillas de ruedas debido a la presencia de humo.
La Comunidad de Madrid coordinó el traslado de 1.308 personas procedentes de distintos centros sociales. Buena parte de los evacuados fue recibida en la residencia Casablanca de Vicálvaro, donde encontraron alojamiento temporal mientras los equipos de emergencia seguían trabajando en la zona afectada.
Las familias también vivieron horas de incertidumbre. Algunos allegados siguieron la evolución del incendio desde sus teléfonos móviles hasta que las comunicaciones comenzaron a fallar, mientras otros intentaban acercarse a las residencias sin éxito por el cierre de carreteras. La tranquilidad llegó cuando pudieron confirmar que todos los mayores habían sido evacuados sin daños personales.
La coordinación entre los centros fue clave para que el traslado se completara en pocas horas. Junto a los residentes viajaron historiales médicos, tratamientos, medicación y equipos informáticos necesarios para garantizar la continuidad de la atención sanitaria desde el primer momento.
La Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales habilitó un centro de valoración para organizar la distribución de las personas más vulnerables. Además de Vicálvaro, otros centros de la región acogieron a residentes procedentes de instalaciones evacuadas en municipios como Chapinería y Villamantilla.
Mientras los bomberos continúan trabajando para controlar el incendio, el dispositivo social mantiene su actividad para atender a quienes han tenido que abandonar sus hogares o residencias. La emergencia ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de los servicios asistenciales y la coordinación entre administraciones, profesionales y centros especializados.
La escena deja una imagen poco habitual: residencias reorganizadas en cuestión de horas, profesionales doblando esfuerzos y familias pendientes de una llamada que confirmara que sus mayores estaban a salvo. En medio del incendio, esa rapidez en la respuesta se ha convertido en una de las piezas más importantes del operativo.