Durante las primeras horas del dispositivo también hubo problemas en la A-2 y la M-40. En la autovía de Barcelona, la congestión se concentró entre los kilómetros 19 y 20, entre San Fernando de Henares y Torrejón de Ardoz, mientras que en la M-40 se registró circulación lenta en el tramo próximo a la conexión con la A-5.
La A-3 acumuló retenciones entre los kilómetros 14,5 y 16 en sentido Valencia, coincidiendo con uno de los corredores habituales de salida hacia Levante. La presión fue disminuyendo después, dejando una tarde bastante más tranquila de lo previsto para uno de los fines de semana con mayor movilidad del verano.
La Dirección General de Tráfico activó la operación especial a las 15:00 del viernes y la mantuvo hasta la medianoche del domingo 16. Para esos tres días había previsto 5,61 millones de desplazamientos por carretera en toda España, coincidiendo con el cambio de quincena, las vacaciones y numerosas fiestas patronales.
El viernes era precisamente uno de los periodos considerados más delicados. La DGT esperaba las mayores intensidades entre las 16:00 y las 23:00 en las salidas de las grandes ciudades y en las carreteras hacia destinos turísticos, segundas residencias y zonas costeras.
Para facilitar esos movimientos, Tráfico desplegó radares, helicópteros, drones y vehículos camuflados, además de prever carriles adicionales e itinerarios alternativos en los puntos más conflictivos. También se limitaron algunas obras y determinados transportes para reducir obstáculos durante las horas de mayor circulación.
En Madrid, sin embargo, el arranque terminó siendo menos complicado de lo que sugerían las primeras retenciones. Tras los problemas iniciales en la A-2, la A-3 y la M-40, buena parte de los accesos recuperaron fluidez y la salida hacia Valencia quedó como uno de los puntos más sensibles de la tarde.
La jornada volvió a confirmar el papel de Rivas como uno de los termómetros del tráfico madrileño en los grandes desplazamientos. Cuando miles de conductores toman la A-3 al mismo tiempo, unos pocos kilómetros entre la capital y el municipio bastan para concentrar buena parte de las demoras antes de que la circulación vuelva a repartirse camino de Levante.