La Comunidad de Madrid ha abierto a consulta pública el cambio de recorrido de esta vía, de 21.330 metros cuadrados. El movimiento llega en plena preparación del circuito y ha disparado las críticas de la oposición, colectivos ecologistas y vecinos que ven en la operación un intento de adaptar el territorio a las necesidades de la Fórmula 1.
El Gobierno regional y los promotores del proyecto defienden que la reordenación de la vereda no nace por el Gran Premio. Según Ifema, se trata de una cuestión pendiente desde hace décadas, ligada al crecimiento del recinto ferial y a una vía que hoy aparece fragmentada y sin la continuidad que debería tener.
La oposición, sin embargo, interpreta el calendario de otra manera. Más Madrid y PSOE sostienen que la urgencia responde al avance del circuito y no a una prioridad ambiental o vecinal. También señalan que el plan especial aprobado para el evento no resolvió correctamente la protección de la vía pecuaria y que ahora se intenta encajar la pieza a contrarreloj.
El debate tiene una parte jurídica importante. La ley permite modificar el trazado de una vía pecuaria siempre que se garantice su continuidad, su uso y su función pública. El problema, según los críticos, es si el cambio responde realmente al interés general o si está condicionado por un proyecto privado de gran impacto.
Ifema defiende que el nuevo trazado permitirá ordenar mejor el entorno y conectar la actuación con el Bosque Metropolitano. También está prevista una pasarela peatonal sobre la M-11, financiada por Ifema y el Ayuntamiento, que busca mejorar la conexión a pie en una zona dominada por grandes infraestructuras viarias.
La discusión llega además con procedimientos pendientes en los tribunales. El expediente y la licencia municipal siguen bajo revisión judicial, lo que añade incertidumbre a un proyecto que Madrid presenta como una gran apuesta internacional, pero que sigue acumulando frentes administrativos, ambientales y vecinales.
La Vereda de los Leñeros es una de esas huellas del Madrid rural que aún sobreviven dentro de la ciudad. Con unos 1.500 metros de longitud y cerca de veinte de ancho, recuerda el paso de ganado y leña hacia la capital, mucho antes de que la zona se llenara de pabellones, carreteras y grandes eventos.
El conflicto resume una pregunta cada vez más presente en Madrid: cómo encajar proyectos de enorme visibilidad sin borrar capas anteriores de la ciudad. La Fórmula 1 promete actividad, turismo y proyección internacional, pero su llegada también obliga a decidir qué se protege, qué se desplaza y hasta dónde puede estirarse el urbanismo para que un gran evento encaje en el mapa.