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El túnel de la A-5 encara su fase clave para sacar 80.000 coches de la superficie

El soterramiento de la A-5 entra en una fase decisiva para el suroeste de Madrid. La excavación del túnel de entrada a la capital ya está completada y el de salida avanza hacia su cierre, después de meses de obras que han cambiado por completo la rutina de Lucero, Aluche, Las Águilas y Campamento. El objetivo municipal es que el nuevo túnel esté listo antes de que acabe 2026.

Las obras del túnel en la A-5

Por · Madrid ·

La obra no es menor: busca enterrar el tráfico de uno de los grandes accesos históricos a Madrid y liberar la superficie para crear el futuro Paseo Verde del Suroeste. Cuando el túnel entre en servicio, el Ayuntamiento calcula que hasta el 90% del tráfico rodado desaparecerá de la superficie, lo que equivale a unos 80.000 vehículos diarios.

Los próximos meses estarán dedicados a la parte menos visible, pero más importante para que el túnel funcione: losa inferior, revestimientos, iluminación, señalización variable, ventilación, salidas de emergencia, cámaras y sistemas de seguridad. También está prevista la conexión con el túnel de la M-30 en la avenida de Portugal, una pieza clave para integrar el nuevo paso subterráneo en la red viaria de la ciudad.

En junio y julio se colocarán las vigas de las estructuras de Batán y Boadilla, lo que permitirá cubrir nuevos tramos y reducir parte del ruido de obra que soportan los vecinos. El Ayuntamiento prevé empezar en septiembre la urbanización en superficie del Paseo Verde del Suroeste, el gran proyecto que sustituirá parte del asfalto por zonas peatonales, carril bici, arbolado y espacios de estancia.

La actuación afectará a unos 3,2 kilómetros entre la avenida de Portugal y Padre Piquer. La idea es coser barrios que llevan décadas separados por una autovía urbana dura, ruidosa y difícil de cruzar. Para muchos vecinos, el cambio no se mide solo en coches bajo tierra: se mide en poder caminar hacia Campamento, llegar mejor a la Casa de Campo o dejar de vivir con una barrera de tráfico delante de casa.

La promesa es clara, pero el proceso no está siendo cómodo. Las obras han traído cortes, desvíos, polvo, ruido, colapsos puntuales y quejas vecinales en Campamento y Lucero. En algunos puntos, la sensación durante meses ha sido la de vivir dentro de una obra permanente, con pasos peatonales modificados y trayectos cotidianos más largos.

La transformación de la A-5 tiene algo de reparación urbana. Durante más de medio siglo, la autovía de Extremadura funcionó como una frontera entre barrios del suroeste, útil para entrar y salir de Madrid, pero incómoda para vivir alrededor. Si el proyecto cumple lo prometido, el cambio será muy visible: menos tráfico en superficie, más espacio verde y una conexión más amable entre zonas que siempre estuvieron cerca en el mapa, pero demasiado separadas por ruido, humo y carriles.

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