El calendario apunta a noviembre de 2026 como fecha clave, cuando el tráfico comenzará a circular bajo tierra. Antes, se completarán fases como el asfaltado y la instalación de sistemas técnicos que garantizarán la seguridad, con 14 salidas de emergencia distribuidas a lo largo del túnel.
La obra incorpora soluciones innovadoras, como sistemas geotérmicos que aprovecharán el calor generado para producir energía, reduciendo el impacto ambiental. Este enfoque sitúa el proyecto dentro de las nuevas estrategias urbanas sostenibles.
En superficie, el cambio será aún más visible. El antiguo trazado de la autovía dará paso al Paseo Verde, un gran eje peatonal que conectará zonas como la avenida de Portugal y Madrid Río. Se crearán 80.000 metros cuadrados de zonas verdes y se duplicarán las conexiones peatonales entre barrios.
El nuevo corredor incluirá también un carril bici de 3,5 kilómetros, facilitando los desplazamientos sostenibles entre el suroeste y el centro. La intervención busca no solo mejorar la movilidad, sino también coser una parte de la ciudad históricamente marcada por el tráfico.
A medida que avanzan las obras, el impacto ya se percibe en la zona. Cambios en rutas, más actividad y la expectativa de un entorno más habitable anticipan una transformación profunda en la vida cotidiana de miles de madrileños.