Se trata de Pablo Sievert, que recorre en superficie los trayectos del Metro de Madrid. Sus rutas pueden superar los 30 kilómetros y combinan esfuerzo físico con una mirada distinta sobre la ciudad, desde zonas céntricas hasta áreas menos transitadas.
En redes sociales, donde ya reúne a miles de seguidores, comparte cada recorrido con vídeos que mezclan deporte y exploración urbana. Hasta ahora ha completado varias líneas, como la 2, 3, 6, 7, 8 y 11, mostrando cómo cambia el ambiente a medida que avanza de un barrio a otro.
El proyecto empezó el 2 de abril con una ruta por la línea 3, desde Moncloa hasta El Casar. En ese primer trayecto, el contraste fue clave: del bullicio de zonas como Callao a la tranquilidad de barrios del sur, en un recorrido que muchos conocen bajo tierra, pero pocos han vivido a pie.
La comunidad juega un papel importante. Son los propios seguidores quienes eligen la siguiente línea, mientras Pablo responde a dudas sobre seguridad, dificultad o planificación. Cada ruta requiere preparación: grabar, orientarse y adaptarse al tráfico convierte el reto en algo más que salir a correr.
Más allá del deporte, la propuesta ofrece una nueva forma de turismo urbano. Recorrer la ciudad siguiendo el trazado del metro permite entender mejor las distancias reales, los cambios de ritmo entre barrios y la diversidad que define a Madrid.
El Metro de Madrid, habitual en la rutina diaria de millones de personas, se convierte así en una guía inesperada para redescubrir la ciudad. Vista desde las zapatillas, Madrid revela matices que suelen pasar desapercibidos en el día a día.