El espacio se llama ‘Alhacena’ y se encuentra en la cuarta planta del Edificio Sabatini. Diseñado por Jorge Penadés, propone una pausa distinta dentro del recorrido: un lugar para sentarse, leer, conversar o simplemente bajar el ritmo antes de seguir mirando arte.
La inspiración viene de las cocinas mediterráneas, entendidas no solo como espacios para preparar comida, sino como lugares de encuentro, charla y vida compartida. Esa idea doméstica se traslada al museo con una sala que busca resultar acogedora, flexible y cercana.
El elemento central es un gran armario de casi 30 metros, una pieza que recuerda a los muebles de una casa y que organiza el espacio. A su alrededor aparecen sofás, sillas, estantes y asientos pensados para distintos usos, edades y formas de estar.
La propuesta introduce una dimensión más cotidiana en el Reina Sofía. No se trata solo de añadir bancos para descansar, sino de crear un ambiente donde el visitante pueda apropiarse del lugar durante unos minutos: leer algo, comentar una exposición, esperar a alguien o descansar sin sentirse fuera del recorrido.
Esa pausa puede cambiar la forma de visitar el museo. En lugar de avanzar sala tras sala hasta el agotamiento, ‘Alhacena’ permite dividir el recorrido, hacer una parada y volver a las obras con otra disposición. La cultura también necesita tiempos muertos, silencios y conversaciones.
La sala está pensada para acompañar tanto el aprendizaje como la convivencia. Puede servir a familias, grupos escolares, visitantes mayores, turistas que llevan horas caminando por Madrid o personas que simplemente quieren disfrutar del museo con menos prisa.
La apertura llega en un momento de intensa actividad cultural en la ciudad, con exposiciones repartidas por museos, fundaciones y centros de arte. En ese contexto, el Reina Sofía suma un aliciente discreto pero importante: mejorar no solo lo que se ve, sino cómo se vive la visita.
El Edificio Sabatini, donde se ubica el nuevo espacio, ya forma parte de la memoria cultural de Madrid. Su arquitectura histórica, transformada en museo, convive con ampliaciones, recorridos contemporáneos y nuevas formas de entender la relación entre arte y público.
La creación de zonas de descanso responde a una tendencia cada vez más visible en los grandes museos. Ya no basta con mostrar colecciones: también importa que el visitante pueda orientarse, respirar, conversar y permanecer más tiempo sin que la experiencia resulte agotadora.
‘Alhacena’ no compite con las obras ni busca convertirse en una atracción por sí misma. Su valor está en algo más sencillo: recordar que un museo también puede ser un lugar habitable, no solo un espacio de contemplación.
En una ciudad donde la agenda cultural obliga a elegir y correr de una exposición a otra, el Reina Sofía propone justo lo contrario: parar un momento. Sentarse, hablar, leer o mirar alrededor también puede formar parte de la visita.