La pelea gira alrededor del trazado que deberá acoger la carrera. Dromo, la empresa que diseñó el proyecto original, sostiene que parte de su documentación y metodología habría sido utilizada después sin su autorización. Ifema, en cambio, defiende que pagó lo acordado y que no hace falta una nueva licencia para que Tilke trabaje con esos materiales.
La intervención de los servicios jurídicos de la Comunidad de Madrid se ha convertido en una pieza importante para Ifema. Su informe ha sido presentado ante el tribunal alemán que analiza si se han vulnerado derechos de autor en el desarrollo del circuito, un proceso que por ahora afecta especialmente a Tilke.
El tribunal alemán ha dado parcialmente la razón a Dromo con medidas cautelares en Alemania para evitar el uso indebido de documentación protegida. La empresa italiana, dirigida por Jarno Zaffelli, prepara además una reclamación millonaria en España, donde insiste en que el caso no va solo de dinero, sino del respeto a los contratos firmados.
Ifema mantiene otra versión. El recinto madrileño asegura que la ruptura con Dromo en septiembre de 2025 se produjo por incumplimientos graves y afirma que sus reclamaciones ya fueron rechazadas en dos ocasiones por la justicia española. También sostiene que no ha recibido ninguna demanda formal y que su posición jurídica es sólida.
La batalla llega en un momento especialmente sensible para Madrid. El circuito de Fórmula 1 no es solo una obra deportiva: afectará a la movilidad, al entorno de Ifema, a los hoteles, al transporte público y a la imagen internacional de la ciudad durante los días de carrera.
Por ahora, la organización del Gran Premio sigue adelante. Stefano Domenicali, CEO de la Fórmula 1, ha asegurado que la prueba prevista para septiembre se celebrará según lo previsto y que los trabajos avanzan a buen ritmo, pese al ruido legal que rodea al proyecto.
Para los madrileños, el caso significa que la F1 sigue en marcha, pero con una pregunta incómoda de fondo: quién tiene derecho sobre el diseño del circuito que transformará durante días una parte clave del noreste de la ciudad. La respuesta no solo marcará el futuro del trazado, también el coste y la seguridad jurídica de uno de los eventos más ambiciosos que Madrid quiere atraer.