El crecimiento se apoya especialmente en el turismo internacional, que subió cerca de un 12% y ya iguala en volumen al nacional. Este flujo constante de visitantes refuerza el papel de la capital como destino global durante todo el año.
Los precios también acompañan esta evolución, con un incremento del 3,09% que refleja la alta demanda. Alojarse en la ciudad resulta cada vez más caro, incluso fuera de los meses de mayor actividad turística.
El impacto se extiende al empleo, con un aumento del 6% en trabajadores del sector hotelero. Más personal, más actividad y más movimiento en barrios donde los alojamientos se integran en la vida cotidiana.
A nivel nacional, Madrid se sitúa entre las regiones con mayor ocupación, solo por detrás de Canarias y por delante de Cataluña. Esta posición consolida su papel dentro del mapa turístico español.
En el día a día, el efecto es visible: calles más transitadas, comercios activos y una ciudad que adapta su ritmo a un flujo constante de visitantes. Madrid refuerza así su perfil como uno de los destinos urbanos más dinámicos de Europa.