Madrid arranca la semana con un cambio visible en el ambiente: la calima procedente del Sáhara cubre la ciudad y condiciona tanto el aire que respiramos como la forma en que nos movemos. La Agencia Estatal de Meteorología ha advertido que, durante la noche y el martes, la intrusión de polvo sahariano será la protagonista. Si cae alguna gota, lo que llegará al suelo será barro, no lluvia limpia.
El fenómeno se notará especialmente en los cielos, que aparecerán turbios en toda la Comunidad. Además, se esperan precipitaciones débiles y dispersas, primero en la Sierra y, a lo largo del día, en el resto de la región. Estas lluvias, mezcladas con el polvo en suspensión, dejarán manchas de barro en coches, terrazas y aceras.
La situación persistirá el miércoles, con cielos aún cubiertos de calima y lluvias que podrían ser localmente moderadas por la tarde. No se descartan tormentas puntuales, sobre todo en el centro y la Sierra, donde también podrían formarse nieblas dispersas al final del día.
La calidad del aire se resiente en casi todos los distritos. Según los datos municipales, 19 de los 21 barrios de Madrid presentan niveles regulares, desde Vicálvaro hasta Barajas. Solo Fuencarral-El Pardo y parte de Moncloa-Aravaca mantienen valores considerados buenos. Ante este escenario, se recomienda reducir la actividad física al aire libre, optar por el transporte público y, en caso de problemas respiratorios, usar mascarilla.
El polvo sahariano no solo afecta a la salud, sino también a sectores como la agricultura, el transporte y la energía solar. La ciudad ya empieza a ajustar su ritmo: quienes planean actividades al aire libre o desplazamientos deben tener en cuenta la calima y sus efectos. Madrid se adapta, una vez más, a los cambios que llegan desde el sur.
La calima es un fenómeno recurrente en la Península, pero en Madrid su impacto se percibe de forma especial por la densidad urbana y la actividad constante. Cuando el polvo africano cruza el Mediterráneo, transforma la luz, el color del cielo y la sensación térmica. Los episodios de calima suelen coincidir con avisos de salud pública y cambios en la movilidad, recordando que la ciudad está siempre expuesta a influencias externas, incluso a cientos de kilómetros de distancia.